Histórico

QUÉ JARTERA, SEÑORES CANDIDATOS

11 de enero de 2014

No sé nada de fútbol, pero saben menos los candidatos de la actual campaña electoral para la Presidencia de la República, que creen que para meter goles tienen que ponerse guantes de boxeo.

Se muestran los dientes, y no precisamente para sonreír. Gruñen y se muerden; se sacan los trapitos al sol; se irrespetan; nos menosprecian, nos creen bobos y en dos patadas, que no pases, patean nuestras ilusiones de tener un mejor país, gobernado por personas serias, competentes y honorables cuyos egos no opaquen sus cualidades.

Hemos soportado la incapacidad de todos los expresidentes para solucionar nuestros problemas más crónicos, pero si además tenemos que aguantarnos que en vez de presentar propuestas se dediquen a insultarse, el futuro se viste de negro.

Según Santos y sus asesores, Uribe es un guerrerista y está mal informado sobre la realidad del país. Según Uribe y sus asesores, Santos es un traidor y un mentiroso. Y este es el tono más dulce de lo que se siente venir en la campaña. Puro terciopelo.

El pitazo final de su partido sonó hace cuatro años. Sin embargo, el expresidente Uribe pretende seguir jugando como si fuera titular. Con su actitud borra de un manotazo la inadvertida presencia del candidato de su partido político. Pero ni Uribe ni su elegido, ni mucho menos el presidente Santos, lanzan propuestas de largo aliento para el país, centrados como están en esa actitud pendenciera y chocante.

Por estar trinando y gruñendo parecen no advertir que Colombia necesita urgentemente políticas de justicia social, porque unos pocos poseen casi todo y todos los demás no poseen casi nada.

Deberían contarnos, mejor, acerca de sus estrategias para aumentar el empleo con calidad, no con subempleo; para que haya redistribución del ingreso vía impuestos diferenciados por clase socioeconómica; para que los programas de asistencia social sean racionales y lleguen a quienes los necesitan, sin las alcahueterías de ahora (v.g. Familias en Acción) y sin que se roben los recursos, (¡ja…).

Necesitamos menos mordiscos y más propuestas de productividad para competir en mercados internacionales, que obliguen a mejorar la eficiencia de la industria y de la agricultura.

Que en educación sea más importante la calidad que la cobertura, con aprendizajes útiles acompañados de una formación en cultura, valores, civismo y ética, desde la primaria hasta el postgrado.

Que la reforma al sistema nacional de salud no sea a favor de las IPS con perjuicio de los pacientes y de los médicos, como la que están tramitando actualmente en el Congreso.

Que se comprometan a erradicar la corrupción en todas las esferas, (¡ja…) y que entiendan que Colombia es mucho más que guerrilla y proceso de paz.

¿Será mucho pedir que nos presenten sus propuestas, si las tienen, de manera didáctica y clara para saber por qué votamos?

Sí, ya sé que este clamor raya en los límites de lo imposible, pero no quiero ni pensar en el limbo institucional que nos espera de tener que acogernos al voto en blanco como mecanismo de protesta. Es eso o condenarnos a votar por el que demuestre que el otro es más malo que él. Y no se sabe qué es peor…

En el tarjetón, por el momento, lo único que vemos son unos ególatras, peleadores e irrespetuosos que nos tienen hasta la coronilla con su violencia ideológica. ¡Qué jartera, señores candidatos…