Histórico

¡Qué monstruos!

22 de febrero de 2009

El ruego fue para que no lloviera porque en el cielo una negra y densa nube amenazaba, incluso dejando caer algunas gotas de lluvia.

Y parece que fue escuchado porque, como por arte de magia, en un abrir y cerrar de ojos el viento arrastró la nube y dio paso al astro Sol, así fuera algo tímido.

Con este marco y ya en tierra, en una pista bien trabajada y apta, los pilotos brindaron un espectáculo sin igual y los miles de aficionados gozaron de lo lindo. No interesó tener seis años o 25. Dio igual, para medírsele a una exigente pista. Nada fácil, lisa en todo el recorrido fruto del agua caída dos días antes del evento.

Y ¿creen que eso les importó a los participantes? Para nada. Antes, por el contrario, los motivó más para lanzarse en lucha contra el barro, las implacables subidas en las que muchos sucumbieron, y los endemoniados descensos que llevaron a varios a besar el suelo.

No faltaron, entonces, los hombres con nervios de acero que saben cuál es el momento ideal para apretar el acelerador. En la pista Los Morros, de El Retiro, hubo "cómplices" para que se lucieran figuras de la clase de Lukas Ramírez, ganador en las dos categorías reinas del motocrós (MX1 y MX2); Simón Úsuga, con sus saltos mortales, lástima su caída cuando iba segundo; Camilo Parra, quien intentó dar la pelea; y Sebastián Vélez, quien pagó derecho de piso a una moto que apenas está conociendo (la Aprilia).

Pero si los grandes se robaron la respiración de muchos, con un ¡uuuyyyy! que se repitió una y otra vez, los chiquilines tampoco se quedaron atrás y les sobraron aplausos, como sucedió con Santiago Pérez y Alejandro Rodríguez, enfrascados en una lucha por la supremacía de los 85 c.c.

Muchos tuvieron que caminar varias cuadras para llegar a la pista y comprobar, por sus ojos, que no había "cama para tanta gente". Atrás quedaron los carros en una interminable e improvisada hilera de casi cuatro kilómetros, parqueados a un lado de la estrecha vía.

Por eso no faltó quien dijera "si esto fuera en Medellín, cualquier escenario quedaría chiquito". Todos los sacrificios fueron compensados por esos "monstruos" del aire, quienes hicieron contener la respiración de muchos con sus saltos mortales.