Que no se acabe la Cultura Metro
Qué bueno que la Cultura Metro se reflejara en todos los lugares de la ciudad y que la urbanidad y educación no fueran solo para cuando viajamos en el metro. Será que se podrá aplicar a la juventud de hoy, llevarla a las escuelas, a las reuniones familiares, a los deportes y a nuestros hogares, que la tomen los conductores, donde tanta falta hace.
En días pasados, cuando viajaba en nuestro Sistema Metro en sentido norte sur, noté cómo a pesar de que ya no se nos repite tanto lo que tenemos que hacer en el interior del metro, aún existe la cultura en muchos de nosotros.
Me dio gran satisfacción ver cuando en el otro extremo noté que un señor de la forma más discreta se le acercó a un niño que tenía los pies sobre su asiento y le dijo "favor baje los pies de la silla", lo cual hizo el niño y aunque asustado no lo volvió a hacer. Era de esperarse que alguien le llamara la atención al adulto por hacer quedar mal o achantar al pequeño. Lo cierto es que el niño estaba acompañado de sus padres y éstos no le habían dicho nada, pero tampoco hubo reproches por la forma como el hombre aquel, ajeno a la educación del pequeño, lo regañó.
Dicen que el ejemplo arrastra y fue así como una señora al ver este actuar, de inmediato le llamó la atención a su pequeña, quien se encontraba haciendo movimientos circulares en la barra, jugando como si estuviese al aire libre o en un parque infantil.
Es ahí donde la Cultura Metro tiene que continuar para que sigamos siendo líderes en comportamiento dentro de un lugar público. Pero qué bueno que así fuera en todos los lugares de la ciudad y que la urbanidad y educación no fueran solo para cuando viajamos en el metro.
Hay que notar cómo para muchos de los jóvenes de hoy el trato que le dan a sus compañeros es bastante brusco y tosco, y qué decir de los nombres con los que se refieren a ellos o como se llaman, "pirob?, gonor..., maric...".
De ahí que ya no se traten con el nombre de pila y que hasta los padres ya no saben qué nombre se le va a dar al niño, toda vez que nunca lo usará. Eso no es moda, ni personalidad, ni libre expresión, solo es mala educación.
Es común escuchar a muchas personas hablar vulgaridades en voz alta antes de entrar a una estación, pero su voz adquiere un tono más bajo cuando se encuentra en ella. Véase que se ganó una batalla como fue la del cigarrillo y cómo ni en el metro ni en la iglesia somos vulgares.
Será que la Cultura Metro no se podrá aplicar a la juventud de hoy, llevarla a las escuelas, a las reuniones familiares, a los deportes y a nuestros hogares, que la tomen los conductores, donde tanta falta hace y que los adultos también seamos ejemplo a seguir.