RATÓN CAPTURADO, EL NEGOCIO VA BIEN
El viernes pasado, el presidente de la República anunció a la nación que fue capturado "el principal cabecilla de la bacrim ‘Renacer’ en Medellín, Elber Alejandro Ávila, alias ‘Ratón’ o la ‘Mona’".
Con este van como 70 cabecillas que caen en los últimos doce meses: además del "Ratón", se registró la noticia de la captura de la "Gorda", el "Flaco", el "Calvo", el "Puma", el "Pingüino" y decenas más de personajes que han sido rápidamente reemplazados.
Respaldo el esfuerzo institucional de captura y judicialización efectiva de estas personas con sujeción a la ley, pero estoy en desacuerdo con que sus capturas sean presentadas como un indicador de éxito en la lucha contra la criminalidad organizada y menos como un indicador favorable en la guerra contra las drogas.
Su detención y eventual castigo incrementan los precios del producto que ofrecen. Como en cualquier ecuación económica, el riesgo suele ser premiado. Si bien los precios del producto incrementan para el consumidor como resultado de las detenciones, la demanda sólo disminuye un poco y suele recuperarse rápidamente. Por su lado, los traficantes que evaden las capturas se vuelven más gordos que el gato que come ratones. De hecho, si logran consolidar su operación, la captura de otros narcotraficantes los beneficia, sin esfuerzo propio, logran controlar a la competencia.
En un mundo (como el colombiano) en el cual la corrupción suele existir "en sus justas proporciones", la ecuación es aún más perversa. El control de la competencia se hace mediante alianzas subrepticias; el narco no se desgasta, sencillamente compra o capta el aparato que tiene por tarea perseguir al narco. El aparato represor hace lo que tiene que hacer: perseguir al narco, pero sólo a una parte. La otra incrementa su margen de ganancia y su prevalencia en el mercado a costa de la acción estatal: negocio redondo.
La ecuación no es colombiana; es mundial. Se aplica en México, Brasil, Rusia y en cualquier otro país que reúna los ingredientes fantásticos: la merca, cierta dosis de violencia y un buen ambiente para la corrupción.
Inclusive asumiendo que no existe corrupción en la determinación de perseguir unos blancos sobre otros, el resultado global sigue siendo paradójico: entre más se capturen narcotraficantes de medio pelo (o de pelo y medio), el margen de ganancia de los más vivos seguirá incrementando.
El otro elemento de esta dinámica que suele desconocerse es que la presión oficial sobre los narcos genera un costo social elevado. De acuerdo a sus medios, los narcos enfrentarán la embestida oficial con violencia o con mayores medios económicos, intensificando la corrupción. La sociedad experimentará los efectos.
Si el problema sólo se combate como una guerra contra carteles, bandas y malos, el resultado siempre será el mismo: con inflexiones, la violencia y la corrupción devastarán a la sociedad y el Business seguirá intacto (o boyante).
La guerra contra las drogas está ridículamente planteada y hace daño. Es hora de acabar con el rotativo que Dick el tramposo dejó programado desde 1971. Dijo que iba a durar poco, pero seguimos enganchados con los delirios de Nixon.
Las capturas de "Ratón" y su enjambre tienen que ser acompañadas por soluciones de mercado, la despenalización de ciertas conductas, y programas integrales de protección social y salud en todos los países del mundo, incluyendo en el imperio.