Histórico

“RAYITO DE SOL QUE SIENTO”

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25 de febrero de 2014

En una canción a Caracas, Simón Díaz expresó su último deseo: "que solo pido a Dios cuando yo muera, en vez de una oración sobre mi tumba, el último compás de "Alma llanera"". Vivió y murió unido al viento, este viejo cantor del llano venezolano que en materia de folclor es idéntico al llano colombiano.

Sombrero blanco, liquiliqui igual, sonrisa sin tregua, Díaz elevó a arte un oficio compuesto por vacas, pájaros, caballos, flores de Araguaney, amores ingenuos. Rasgando un cuatro dejaba salir no una sino múltiples voces, en registro amplio desde el grave y reflexivo lamento hasta el falsete con que impartía picardías.

Quisieron las sincronías, que una tras otra son la vida, marcar el día de su muerte en escenario de marchas, gritos, muertos, tanques que tienen convulsionada Venezuela. La vaca mariposa, que en tonada suya presintió el mal sentenciado al becerrito, debió soplarle la fecha para marchar.

Y el hombre, caballo viejo extenuado, aceptó el trance mordiéndose la lengua como señal de las limitaciones del canto. Simón Díaz le silbó a un idilio que duró casi un siglo, y que ya no rige más. No obstante, ahí quedan sus letras que atrapan sintéticas la realidad, como aquella que anuncia un día nuevo: "mañana que vas llegando, rayito de sol que siento".

Quedan sus melodías sencillas, pegajosas, sus gritos de vaquería con que amanecen los llaneros de ambos lados de frontera. Vibra por encima de la muerte su entonación de vida cotidiana, su infantil vocería de dos países que son ríos, sabana y olor de mastranto.

La música llanera es timbre nacional en Venezuela pero sonido marginal en Colombia, a pesar del poderío de sus cuerdas y del baile que da sustento a la naturaleza. Simón Díaz, ídolo indiscutible en el vecindario, es casi desconocido entre nosotros. Lo salvó del anonimato una telenovela que cabalgó sobre el brío de su más conocida canción.

Tanto el folclor llanero como el recién fallecido poeta merecen más digna posición entre las mil músicas que componen a Colombia. Uno y otro traen eco de tiempos en que la épica fundaba naciones, en que tierra, hombre y animal eran centauro. Escuche usted cualquier canto de Simón Díaz y captará una infancia agazapada, reverberación de paraíso.

Colombia y Venezuela, hermanas en discordia, deberían estar exaltando las composiciones de este cantor limpio como mitos fundacionales.