Histórico

Recuerdos de Navidad y Año Nuevo

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08 de enero de 2012

Para los días finales del año, un buen amigo, que vive en otra ciudad me llamó para avisarme que vendría con su esposa, aprovechando las vacaciones y el buen tiempo. Le dije que sí, y junto con mi esposa y mis hijos hicimos la distribución de cómo acomodaríamos a los viajeros.

Se llegó el día, en las horas de la tarde llegaron los viajeros: mi amigo, su señora y una hermana de ella, el hijo mayor de 16 años con su novia de 15, linda niña de minifalda, blusa ombliguera y largo cabello rubio y los otros dos niños de 10 y 7 años. Luego de saludos y presentaciones nos entregan el regalo o traído: un pastel de gloria que desapareció mientras se charlaba animadamente acerca de las incidencias del viaje y que no alcanzó para mí. Los niños, jugando chucha, le quebraron una pata a la mesa y volvieron añicos el adorno que estaba encima de ella. Mientras tanto, sin saber por qué, la novia de mi sobrino hacía moños y mala cara. Esa noche, sería por los ajetreos del viaje, hubo que pedir unas drogas para la esposa de mi amigo que sufre de jaquecas y le duele hasta el pelo.

Al día siguiente, como yo aún no había salido a vacaciones, debía bañarme temprano para ir al trabajo pero aquí fue Troya, los baños de la casa estaban ocupados. Después de esperar un rato pude ingresar a uno de ellos, estaba lleno de prendas íntimas en proceso de secado, las toallas mojadas y el papel higiénico a punta de acabarse. Luego el desayuno: a la hermana de la señora no le gusta el chocolate sino el té, el muchacho mayor se comió dos arepas con huevo y medio quesito y calentado. Su novia desayunó con una gaseosa dietética helada, pues su régimen no le permite otra cosa. Y los niños aunque pidieron huevo no se lo comieron, sólo tomaron leche, parecían terneros huérfanos.

Más tarde mi amigo requirió del teléfono para hacer algunas llamadas de larga distancia y terminar algunos negocios que le habían quedado pendientes. La hermana de su señora pidió permiso para llamar a sus familiares y para acabar de ajustar, la novia tenía el celular descargado y no tenía tarjeta y quería llamar a su mami a Miami para contarle del viaje.

Para su recibimiento, mi señora preparó un menú casero consistente en sopa de verduras y un suflé de carne de res con papas. Aunque la hermana de mi amiga es vegetariana, no le gusta la sopa, pues es de la familia de Mafalda, y por razones obvias no podía comer carne.

Aunque dijeron que el viaje lo hicieron en forma económica, pues las finanzas no se los permitían, en las horas de la tarde fueron a recorrer los centros comerciales de la ciudad y regresaron cargados de paquetes y talegos con prendas de vestir de moda, zapatos y recuerdos típicos. Ese día por la noche mi casa parecía un centro de desplazados, maletas, maletines, bolsas con logotipos de almacenes importantes, ropa tendida por toda parte, los niños jugando, el hijo mayor en el computador pegado de internet, la señora de mi amigo dándole instrucciones a la empleada del servicio de cómo debe organizar la cocina y la nevera y otras actividades caseras.

En fin, fueron unos agradables días de vacaciones con los amigos. Nos quedan las cuentas de teléfono y el mercado adicional que hubo que comprar. Después de ocho días aún no hemos sabido de cómo les fue en su viaje de regreso.

(Colaboración de otro amigo)