Histórico

REDUCIR LA ESTATURA EN UNA CABEZA

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01 de marzo de 2014

El pueblo venezolano ha venido atravesando un tortuoso camino desde hace décadas. Tortuoso y contradictorio. Fue gobernado por partidos políticos corruptos, que se decían llamar pilares de la democracia, pero en realidad su interés era el poder que el petróleo les daba a sus familias. Un lujo de pocos.

Ahora el panorama es otro. El pueblo venezolano está hoy ante una encrucijada. Con el ascenso de Chávez al poder, la clase baja cifró sus ilusiones en una vida mejor, esperando que ese líder carismático empezara a hacer la revolución que tanto anunció en sus campañas de elección y reelección. Tenían la ilusión de que todo iba a cambiar, pero no fue así.

La revolución socialista no ha llegado. Sin embargo, Chávez recompuso el poder, sacando a esas familias que tenían el sartén económico y político por el mango. Y la clase media, rápidamente, se incorporó en el ejército venezolano. Es tal la situación que la estatización propia del socialismo tradicional está manejada por militares, propiciando, como se sabe, los más altos niveles de corrupción.

La clase menos favorecida se adueñó de las políticas chavistas debido a los generosos subsidios, el carisma del líder con la clase baja, la educación y la reducción de la pobreza. Pero todo ello no le alcanzó para hacer, antes de morir, la revolución que tanto prometió. Maduro es una prueba más de esa promesa incumplida.

A muchos venezolanos no les queda más alternativa que el silencio, acallados por esa encrucijada del temor de que la historia se repita y las familias privilegiadas se apoderen de nuevo del petróleo. Muchos venezolanos, incluso partidarios del gobierno, saben que los alimentos escasean, la inseguridad crece y los índices de inflación son insostenibles.

En muchas partes del mundo han sucedido hechos semejantes a los de Venezuela. De ello no se escapan gobiernos de derecha, izquierda, centro y hasta cambios radicales, que han llegado al poder gracias a su perfil despótico: bajar el nivel de vida, aumentar las desigualdades y restringir las libertades. Aplicar estos criterios para distinguir entre derecha e izquierda es una falacia intelectual y una manipulación de las creencias políticas.

Lo que sí es claro es que así se sea de derecha o izquierda, en muchos países la violencia ha sido la herramienta para llegar o retomar al poder, donde la mentira es una maniobra táctica y una estrategia calculada. A propósito de ello, toma fuerza lo dicho por el historiador ruso Solzhenitsyn, según el cual la violencia puede ser ocultada por la mentira y la mentira solo puede mantenerse por la violencia, de manera que quien proclame que la violencia es su método, se verá obligado a adoptar la mentira como principio.

Cuando Stalin amenazaba a sus enemigos, les enviaba un mensaje advirtiendo que a quien no confesara le reduciría su estatura en una cabeza. En la revolución francesa se definió la guillotina como una máquina que reducía en una cabeza la estatura de una persona. Incluso la reina Isabel, una política de derecha, utilizaba esa frase de manera despectiva para referirse a sus enemigos.

Está claro que las ideologías y creencias políticas, parten de una máscara de intereses de quienes quieren el poder y buscan mantenerse en él hasta su muerte. Y parece que Nicolás Maduro ha optado por ello: aún sin decirlo públicamente, amenazar a sus enemigos con reducirles su estatura en una cabeza.