Histórico

Regiones, turismo y ambiente

Loading...
15 de enero de 2009

Para un grupo creciente de estudiosos, analistas y hacedores de política es cada vez más clara la estrecha relación que se presenta entre los conceptos económicos de desarrollo, competitividad y región.

En particular, de manera creciente, la literatura económica destaca el papel fundamental que las regiones tienen en el logro de la competitividad. Según dicha literatura, las regiones, más que los países, compiten entre sí para alcanzar mayores niveles de crecimiento y progreso para sus empresas y habitantes.

Una región más competitiva genera mayores oportunidades económicas para las empresas que, entre otras cosas, es bueno reiterar, que ellas constituyen el único actor social capaz de generar valor. En este orden de ideas, la realización y concreción de oportunidades conlleva mayores niveles de desarrollo, empleo e ingreso. La constatación práctica de esta relación realza el papel fundamental y creciente que, en el desarrollo de las regiones, tienen las correspondientes autoridades territoriales. Ello también subraya la responsabilidad que los propios ciudadanos tienen con el progreso y el desarrollo de sus territorios. En otras palabras, esta visión del desarrollo regional enfatiza la descentralización y la autonomía de las regiones al tiempo que desplaza el enfoque centralista del desarrollo.

Un papel más activo y dinámico de las autoridades regionales y de sus habitantes en el logro de mayores niveles de desarrollo y de progreso económico implica un mayor compromiso de estos actores con tales procesos.

Ello lleva a que el liderazgo del desarrollo regional se asuma desde las regiones y, por lo tanto, sus autoridades estén obligadas a buscar y establecer nuevas oportunidades económicas, desarrollar las capacidades de sus habitantes y crear los marcos institucionales necesarios para impulsar, mediante mayores niveles de competitividad, un mayor bienestar y progreso de sus habitantes.

Una de los sectores económicos que tradicionalmente Colombia no ha sabido explotar de manera más intensa, es el turismo. Amén de algunas pocas ciudades o regiones, el resto del país le ha dado la espalda a este sector que, dada la riqueza y la diversidad de sus recursos naturales, podría significar una importante fuente de desarrollo para vastas zonas del país.

Pero este tipo de desarrollos implica, como lo muestran los ejemplos de otros países latinoamericanos, desarrollar entre sus habitantes no sólo unas capacidades locales adecuadas sino una cultura y una valoración de este sector como fuente de oportunidades económicas de tal forma que se convierta en germen de un desarrollo sostenible local y regional. Infortunadamente, hasta ahora, en muchas zonas del país, el turismo se concibe como una oportunidad de lograr ganancias extraordinarias en ciertos períodos o temporadas. Con esta concepción, el sector difícilmente puede ser alternativa de crecimiento sostenible.

Dada la riqueza natural y su alta diversidad a nivel de las distintas regiones del país, un sector turismo que sepa aprovechar de manera sostenible esta fuente de desarrollo, debe, por necesidad, demandar de las autoridades regionales no sólo el establecimiento y aplicación de las normas que protejan y conserven los recursos naturales sino la creación y el desarrollo, entre sus habitantes, de una cultura de conservación y uso sostenible de sus recursos naturales. De esta forma, no sólo se garantiza que los habitantes de las distintas regiones valoren los recursos naturales disponibles sino que dicha base se convierta en fuente de un desarrollo sostenible.

En este orden de ideas, los gobiernos locales y regionales, además de abrir nuevas oportunidades económicas como el turismo, tienen que involucrarse mucho más en el manejo y conservación de sus recursos naturales.

Esto implica, entre otras cosas, hacer de las corporaciones regionales entes eficaces y responsables del manejo de los recursos naturales y no sólo concebirlas como instrumentos burocráticos.