Réplica a un columnista
Respetada señora directora: en carta anterior expresaba a ese periódico el inusitado interés del columnista de opinión Raúl Tamayo Gaviria , respecto de algunas de mis actuaciones como servidora pública, que fueron objeto de investigación por los órganos de control, que al no encontrar méritos se inhibieron de conocer en una investigación penal, y en lo que respecta a los pliegos formulados en materia fiscal y disciplinaria, estos corrieron parecida suerte.
Es inocultable la abierta animadversión que tiene el señor Tamayo contra esta Subsecretaría; pero de ahí al ensañamiento sistemático que ha tenido contra mí desde hace casi 7 años, existe un trecho bastante largo. Insisto, me siento agraviada por sus columnas de opinión del 23 de enero y 20 de febrero de 2010, porque en ellas sin calcular el daño moral que puede infligirme, pone en cuestión mi dignidad de ciudadana y servidora pública.
En nota que dirigí hace dos semanas a ese periódico, exaltaba a un profesional tan admirable como su padre, verdadero protomaestro de periodismo, que en juicioso comentario sobre ética periodística atinó a decir: "Ha de servir el periodista a la justicia. Y ser justo por sí mismo porque a veces ha de ser juez. Justo con los de arriba y justo con los de abajo.
Que cuando inicie juicio de acusación pública contra alguno, le dé oportunidad de explicar su conducta y de justificarse. Y si por error ha causado daño, busque repararlo en cuanto pueda. Sepa que la honra ajena es sagrada y que quien la quita con malicia es malhechor".
No entiendo doctora Ana Mercedes cómo un periódico de la tradición de EL COLOMBIANO, permita que un columnista de opinión sea el vocero de algunos ex funcionarios que estuvieron adscritos a la Subsecretaría de Rentas, y al mismo tiempo funja como notificador de actuaciones que desde su inicio, sin sonrojo alguno, dice conocer, pero de las que ni siquiera los presuntos implicados han sido convocados a comparecencia alguna.
He oficiado como Subsecretaria de Rentas bajo la dirección de tres alcaldes y no es que tan difícil cargo me haya sido escriturado como se asevera; se trata sí de una confianza que me he ganado por los resultados obtenidos en tarea tan repulsiva como la tributaria, pero de cuyos resultados depende en gran parte el financiamiento de los planes de desarrollo. Si el cumplimiento de mis deberes superiores como servidora pública es lo que le produce encono al señor Tamayo Gaviria, entonces estoy presta para seguir recibiendo artículos de opinión de los que sólo rezuman hiel y que flacos servicios le prestan a lo que debe ser el ejercicio de la opinión en el Estado Social de Derecho.
Aún más, si en ejercicio de mis funciones me corresponde precaver actos de corrupción que otros trocan en persecución, yo lo haré en consecuencia con la firme convicción de que mis actuaciones están respaldadas por la ley.
Sirva esta réplica además para transmitirle al señor Tamayo Gaviria un pensamiento de Macrobio, que resume no sólo los enojos, sino la persecución que desde tan privilegiada ventana de opinión ejerce contra mí: "Grande es la gloria de aquél que por ningún elogio se envanece y por ninguna censura se humilla".
Aspiro a que las nuevas imputaciones de que me notificó el señor Tamayo recorran su cauce normal y que ojalá para hacerles seguimiento, se quite la máscara del Catón que quiere parecer, y no utilice esa tribuna para hacer daño a quien desde hace mucho está comprometida desde su modesta posición para contribuir con el desarrollo de Medellín.
Con un atento saludo.