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24 de marzo de 2009

Las asambleas de Gobernadores del BID siempre son una oportunidad para mostrarle al mundo el trabajo que adelanta el más antiguo de los bancos regionales de desarrollo. A ellas siempre asisten los ministros de Hacienda de los 48 países miembros y un gran número de líderes del sector privado y la sociedad civil, con el objetivo de informarse sobre el impacto de los proyectos del Banco.

Este año la Asamblea será en Colombia, concretamente en Medellín. Si bien es cierto que todos los años se presentan reportes a los participantes sobre los resultados alcanzados por el Banco, hay algo especial en esta reunión. Sin tener que acudir a los archivos fotográficos de los proyectos, a documentos detallados que evalúan la relación costo-beneficio o simplemente al testimonio de sus ejecutores, la huella del BID es visible para todo el mundo en Medellín y Antioquia.

Desde la fundación del Banco en 1959, Colombia fue uno de sus primeros clientes. Con la presencia del entonces Presidente Alberto Lleras, el primer Presidente del BID, Felipe Herrera, firmó en 1961 el préstamo para Empresas Públicas de Medellín que financió la desviación del Río Negro. Con este proyecto, se inició una larga relación estratégica del Banco en el sector agua que ha llevado a que el BID provea recursos de crédito para obras que van desde la desviación del Río Piedras en 1975 y el saneamiento del río con la planta San Fernando en 1994, hasta la nueva planta de tratamiento de Aguas en el Municipio de Bello que iniciará su construcción en el 2009.

La historia no termina ahí. El BID ha sido un socio en proyectos energéticos de gran importancia para el país, que gracias a sus ventajas geográficas han tenido lugar en Antioquia. Tal es el caso de las centrales eléctricas Playas, Porce II y Porce III, las cuales han sido ejemplo internacional por sus estándares ambientales. En materia social, uno de los orgullos del Banco es haber financiado el programa de seguridad y convivencia ciudadana que ha contribuido a la transformación de la ciudad. Ni que decirlo de proyectos como Jóvenes con Futuro o las iniciativas de inclusión y empleo juvenil.

En esta lista también se incluyen los programas de “rutas de equidad” que han llevado soluciones de transporte como vías secundarias y cables rurales a varios municipios de Antioquia.

A través del Fondo Multilateral de Inversiones se ha apoyado a la Cámara de Comercio de Medellín en proyectos de franquicias, simplificación de trámites y resolución de conflictos. De la misma forma, instituciones como Actuar han recibido apoyo para proyectos que le han permitido a miles de mujeres cumplir el sueño de iniciar una empresa.

Esta historia de resultados no es otra cosa distinta que la más viva demostración del trabajo que el BID ha realizado con los ejecutores de sus proyectos. Para quienes aún tienen dudas sobre el impacto real que el Banco Interamericano de Desarrollo ha producido en sus cincuenta años de existencia, Colombia, Medellín y Antioquia son la mejor respuesta.