RETOS DE LA CAMPAÑA DEL PRESIDENTE SANTOS
Al acercarse el inicio formal de la campaña presidencial del actual mandatario por la cual buscará su reelección, surgen varios interrogantes acerca de cómo va a ser su diseño y desarrollo. Estos retos tienen que ver con los aspectos organizativos y con los programáticos.
En lo relacionado con lo organizativo hay una primera tensión para superar, que no es fácil: cuál es el rol de la Fundación Buen Gobierno, en la cual Germán Vargas Lleras es el "peso pesado" y de los Partidos Políticos que forman la Unidad Nacional y varios de los cuales parecen tener prevenciones, por lo menos, con Vargas Lleras.
El tema puede ser manejado sin muchas tensiones si se le asigna a cada cual su tarea. La Fundación Buen Gobierno es en esencia un "tanque de pensamiento" que tiene como función formular propuestas de políticas públicas -un borrador de programa de campaña, o de plan de desarrollo para el próximo gobierno-, hacer debates político-académicos acerca de temas relevantes en la campaña, hacer monitoreo del desarrollo de la campaña; pero obviamente los partidos políticos también tienen preferencias programáticas que hay que compaginar con las que se originen en el "tanque de pensamiento. Los partidos políticos en toda democracia tienen como función básica hacer elecciones, movilizar a los ciudadanos para que participen en la toma de decisiones a través del voto y en nuestro caso son los partidos políticos que apoyan la coalición de gobierno quienes van, tanto en las elecciones de marzo a Congreso, como en mayo a las presidenciales, a hacer el gran esfuerzo para aportarle a esta causa su caudal electoral. Esto significa que hay que compaginar una racionalidad más tecnocrática, presente en la Fundación Buen Gobierno, con la racionalidad política propia de los partidos.
Adicionalmente hay que decir que el resultado electoral de marzo en las elecciones de Congreso en el cual cada partido de la coalición que apoya las banderas del Presidente medirá sus propias fuerzas electorales, va a definir capacidades distintas de influir en la orientación programática de la campaña presidencial y en la conducción de la misma.
El otro aspecto es el programático. Si bien no conocemos cuáles han sido los ejes programáticos propuestas por la Fundación Buen Gobierno para un eventual segundo mandato del Presidente Santos, es previsible que los ejes sigan priorizando los aspectos de búsqueda de crecimiento económico -¿se seguirá hablando de las locomotoras?-, modernización de la economía y la infraestructura, conectividad, etc. Pero lo cierto es que un segundo mandato del Presidente Santos, si quiere ser coherente, debe tener una gran centralidad: la implementación de los acuerdos de La Habana y más ampliamente la construcción de paz como tarea central en la construcción de una sociedad más democrática y moderna. Esto significaría darle una prioridad al sector agrario –no sólo por la necesidad de acelerar la implementación de la Ley de Restitución de Tierras y de Víctimas, sino los nuevos compromisos derivados de los Acuerdos de La Habana sobre "desarrollo agrario integral (enfoque territorial)"-, además de lo relacionado con los cambios institucionales para viabilizar lo relativo a la participación política y social. Todo esto debe reflejarse en un nuevo Plan de Desarrollo y en las apropiaciones presupuestales del presupuesto nacional. Y esto, de nuevo, no deja de plantear tensiones entre las miradas con sesgo más tecnocrático y las que tienen una perspectiva más política de los problemas.
La campaña por la reelección del Presidente Santos tiene ante sí la posibilidad de generar una positiva sinergia entre el "tanque de pensamiento", la Fundación Buen Gobierno y la coalición de partidos políticos que lo apoya, o generar una rivalidad que puede terminar arruinando el esfuerzo para el éxito electoral; todo va a depender de si conforma una Gerencia de Campaña independiente, de su total cercanía y con gran capacidad para definir las directrices de la campaña y la asignación de responsabilidades.