Histórico

Ruegos en la Registraduría

08 de enero de 2009

Si algún organismo del Estado hace gala de la ineficiencia y del maltrato al ciudadano de a pie, es precisamente la Registraduría Nacional del Estado Civil, la misma que hace llamados publicitarios en diversos medios de comunicación a toda la ciudadanía para que vaya, renueve y reclame su documento de identidad.

Detengámonos en Medellín, la que reza que debe ser solidaria y competitiva. Doña Rosa, que en breve será octogenaria, está apostada desde las 3 de la mañana en toda la entrada de la Registraduría, de esa hora en adelante van llegando uno tras otro, y a las ocho de la mañana suman aproximadamente 400 usuarios. Repentina e inexplicablemente, la fila crece por cuenta de unas personas de camisón blanco, que han vendido puestos en "primera fila" con anterioridad por un valor de 30 mil pesos.

Un agente de Policía sin ninguna información al respecto recoge las contraseñas. Luego hacen pasar una tanda de aproximadamente 100 personas, las cuales son confinadas en un espacio pequeño y poco amable, sin silletería suficiente para una espera respetuosa y cómoda. Entonces se presenta un funcionario refiriendo advertencias, palabras más, palabras menos, esto afirma: Yo no soy el que hago estas cédulas, ellas vienen desde Bogotá, esto para que si se van a emberracar no lo hagan conmigo, sino que en la oficina del segundo piso están preparados para eso. Y continúa, las personas que voy a llamar, calculo que fueron 50, no tienen el documento en esta oficina, puede ser que esté en otra Registraduría auxiliar o simplemente no han llegado de Bogotá. Y si la web los ha hecho venir, tampoco es culpa nuestra. La muchedumbre se sumerge en una incertidumbre, esperando que la suerte corra de su parte y no vaya a perder la madrugada o el turno comprado.

Despachados, la mayoría por errática información de la Registraduría, los que se quedan, medio conformes están; el mismo funcionario de las advertencias, ahora empieza a llamar a uno por uno; otro servidor, entrado en años, revisa los documentos o poderes que algunos usuarios presentan para reclamar por familiares o amigos que no pueden hacer la diligencia de manera personal. Qué mal ejemplo, qué ineptitud. Sólo dos funcionarios atendiendo a toda esta muchedumbre que acude por los insistentes llamados publicitarios de los que se ufana esa entidad.

Todos estos ciudadanos en busca de su identidad de cierta manera perdida, padecen la ineficiencia y el maltrato del Estado en viva persona de la Registraduría Nacional del Estado Civil. Esa madre que seguramente tuvo que pagar para dejar a sus hijos al cuidado para madrugar y cumplirle al Estado, se va decepcionada y maltratada, sin saber ni cuándo ni dónde reclamar su identidad. El Gobierno acosa, pone el plazo hasta el 2010, y se ve falta de preparación logística y de todo, para cumplir.

¿Les quedó grande ese reto?