Histórico

Sabores que encantan

SI QUIERE HACER un recorrido gastronómico por la ciudad y lugares aledaños, busque esos que son tradicionales. Será una sorpresa.

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02 de agosto de 2010

Que venir a Medellín y no comerse una bandeja paisa puede ser pecado. Tal vez. No necesariamente. Lo que si lo es, sería venir y no probar todas esos otros platos que tiene la gastronomía antioqueña, y entonces, chuparse los dedos.

Y no es que la bandeja paisa esté mal. Por supuesto que no, aunque debe ser con cuidado, porque para un turista que no esté acostumbrado a una comida tan pesada, puede ser toda una pesadilla. "Acaban enfermos", dice el chef Álvaro Posada.

Y en Medellín hay otras delicias para probar, que en estas Ferias, sorprenden a muchos.

Qué tal una chocozuela o buscar arepas artesanales, una sopita de plátano o de oreja, según la recomendación de Posada.

"Es asesorarse y buscar esos restaurantes tradicionales", dice él. Ir a los barrios y a los pueblos cercanos. Hacer un tour de la empanada y entonces pasearse por Buenos Aires, Envigado, Laureles. Probar los tamales, los sancochos. Ir al centro. Comerse un almuerzo, no un corrientazo, sino uno casero.

"Probar lo que venden en la calle. No precisamente todo está en los restaurantes costosos. Hay productos típicos que apoyan la cultura y le dan reconocimiento desde la cocina", expresa el chef Juan José Piedrahíta.

Todo no pasa por la comida típica, ni tiene que, para probar lo de aquí, ir a un restaurante exclusivo de ella. A veces, muchos tienen dentro de su carta, platos que son propios de la identidad cultural de aquí o de Colombia. Y mezclan, por supuesto.

"Tenemos tantas cosas, que nosotros mismos ni los conocemos", añade Juan José.

Y en ese sentido, se acuerda de los rollos rojos, los que venden en las tiendas, que de seguro serán muy especiales para un turista. Raros, deliciosos. Ni que decir de la panadería local. "No le damos mucho valor", indica él. Y pasearse por ellas, esas de los barrios, es encontrarse con sorpresas, con pan caliente, con sus recetas propias.

Por la mente del chef Posada pasan nombres como El Trifásico, Buena Mar, el Salón Versalles, María Santo y Mangle. Y en Santa Elena, Uchuva longe, María Flores, Canela. Y hay más, como María Mulata, La Casa de las Piedritas, Qué haré para enamorarte, el Herbario, La Fiambrería e In Situ.