Histórico

Santiago es una columna que no se derrumbó

Un antropólogo antioqueño, damnificado por la tragedia del edificio Space, se convirtió en el líder de quienes padecen esta horrible situación.

16 de octubre de 2013

Una carta firmada por el expresidente sudafricano Nelson Mandela, en la cual le agradece por su ayuda en el diseño de un programa de educación ambiental para los niños de su país, es el tesoro que quedó atrapado en el apartamento de Santiago Uribe.

Son las 7:30 a.m. y un silencio sepulcral rodea las ruinas de la torre 6 de la urbanización Space de El Poblado, que se desplomó el sábado anterior por una aparente falla estructural.

Al frente, Santiago da vueltas sobre la vía cerrada, mientras contesta una tras otra las llamadas que hacen vibrar su celular. De súbito se detiene, hace el esfuerzo por reprimir la lágrima y no lo logra.

"Esto es de un yo-yo más bravo, uno cree que tiene las fuerzas, y al momento está tendido en el suelo", dice.

El antropólogo tenía dos propiedades en el conjunto. El apartamento 507 de la torre 5, que estaba vendiendo en $32o millones; y el 801 de la torre 6, al cual le había entregado mucho amor, diseñándolo desde la etapa de obra negra, mas nunca lo pudo habitar.

El 801 ya no existe y el 507 será demolido por recomendación de las autoridades. Allí está la misiva de Mandela, bañada en el recuerdo de una de las experiencias más lindas de su vida, como estudiante de intercambio de la U. de A. en África.

"A esas cosas se aferra uno. Me cuentan los vecinos que anhelan recuperar, más que los objetos costosos de la casa, las pequeñas cosas de valor: las fotos de un bautizo, un relicario de la abuela...".

Él, la esposa y sus dos perros comenzaron a padecer cuando las grietas tronaron el pasado viernes. Con el miedo enfriando sus carnes aguantaron esa noche, pretendieron dormir con un ojo abierto, hasta que el sábado decidieron irse, antes del siniestro.

El hedor de la tragedia no es nuevo para Santiago. Su oficio lo llevó a presenciar desastres naturales en Manizales, Alto Baudó y Gamarra. Vio a la gente llorar y perder sus enseres, contempló cómo la esperanza se les derrumbaba ladrillo a ladrillo y escuchó con atención sus lamentaciones.

Solo ahora, reconoce, entiende con certeza el dolor que padecieron.

Las experiencias pasadas y su capacidad de liderazgo lo tienen hoy como el vocero de la comunidad afectada por la devastación, que al cierre de esta edición dejaba un muerto, dos heridos y 10 desaparecidos bajo el concreto. "No fue una decisión propia, se dio por las circunstancias".

Esas circunstancias, quizá el destino, que cita Santiago, lo convirtieron en una columna a la cual se aferran los damnificados, una tan fuerte que no se derrumbó.