Santos y Samper, aratos inconfesados
Cada día hay más parecidos con Samper. Este señor sacó un insulso y efímero decreto antitrámites, puesto que no logró la aprobación de una ley por parte del Congreso en su período del elefante.
El centralismo a ultranza que aún sufrimos volvió los trámites paisaje: cada funcionario con algo de competencia, no de conocimientos sino de poder, decide que todos debemos cumplir un paso más para demostrar que tenemos derecho a vivir.
Los trámites en Colombia son parte de la idiosincrasia desconfiada y marrullera extendida desde la altiplanicie cundiboyacense al resto del territorio nacional. La malicia indígena de la que algunos vivos se precian es eso: actitud para engañar al otro y no creer sus palabras. De ahí, esa manía de constatación de lo obvio.
Los primeros enemigos de los trámites son los que viven de ellos y parece que el número es directamente proporcional a la cantidad de habitantes asentados en la ciudad o región, con un elemento adicional y sustancial: la necesidad de realizar la gestión para cualquier permiso o autorización.
En esos casi 200 años de vida centralista se amasaron fortunas con los trámites, éstas son incalculables en monto y cantidad. Todas ellas continuaron asentadas en la capital de la corrupción. Es allí donde están los campeones del atajo y las opacidades. Infortunadamente el resto del país no es impermeable a estas mañas y se contagió, con más virulencia, en regiones del Caribe y las zonas costeras. Allí la Ley 80 de Contratación no pegó.
Los trámites innecesarios no son patrimonio del sector público. Para constatar esto llame a una línea de servicio al cliente de cualquier entidad, sea pública o privada, y empiece a perder la razón, puesto que cada paso requiere que usted dé la misma información que le dio a quien le contestó en primera instancia. Además son todos impersonales y tienen la misma cantinela. El sentimiento y el compromiso son elementos estrambóticos y están por fuera de las capacitaciones que reciben estas murallas contra los insultos y las furias de los usuarios que sienten que hablan con máquinas.
Mientras mantengamos ancladas las decisiones importantes e impulsadoras del desarrollo en el altiplano, tendremos trámites innecesarios pero obligatorios, puesto que quienes hasta ahora se han lucrado con esta cultura corrupta y enriquecedora sin causa, no permitirán que se aprueben reformas a la aplicación de la ley y a la disminución de trámites, son aratas como los personajes arriba mencionados.
La corrupción y los trámites disminuyen si hay mayor autonomía regional, puesto que la cercanía de los jueces naturales, el pueblo, hará más eficiente el control para impedir el despilfarro del erario y el tiempo de los ciudadanos.