Saraz dejó de ser el 29
Tenía el 29, ese número que es de los suplentes o de los juveniles. Nunca de un titular. "Había mucho grande ahí y no había donde".
Rodrigo Alonso Saraz jugó solo un partido en un equipo de primera de Antioquia. Fue por allá en la Copa Merconorte de 1998, con Atlético Nacional. "Por eso vestir la camiseta de Envigado es una alegría grande, estar en mi tierra, con mi gente", dice Rodrigo, una de las contrataciones del equipo naranja.
Su carrera la vivió por fuera de El Coco, ese barrio chiquito en el que creció. Cuando Nacional le dio la salida en 1999, y tras un fugaz paso por el Bello, Rodrigo se rebuscó la manera de seguir en la cancha.
"Me salió una oportunidad de irme para Perú. Me daban el tiquete de Bogotá a Lima, pero había que rebuscarse la plata para ir hasta Bogotá. Un tío me la prestó y me fui. Allá hice mi carrera", comenta el delantero, quien llegó en 2000 para el Coopsol, más bien desconocido, pero que le abrió las puertas que tenía cerradas en Colombia.
"Luego me fui a Cienciano, César Vallejo, Coronel Bolognesi, Sport Boys, todos en Perú. Allá me dieron la oportunidad de jugar, de hacerme a un nombre como futbolista, de hacer lo que me gustaba", explica Rodrigo, quien viene de tener pocos minutos en el Deportes Quindío.
En Cienciano supo de la gloria. Ganó la Copa Suramericana de 2004, por encima de River Plate, en lo que ha sido el único título de un club peruano en certámenes internacionales.
Luego, un par de tumbos, hasta que Jorge Luis Pinto le echó el ojo y se lo trajo para el Cúcuta. Ahí empezó la andanada en el país.
"Es un reto que tengo de triunfar en mi tierra. La gente de mi casa, del barrio no me vieron jugar acá. Por eso quiero triunfar", explica Saraz, quien tiene una revancha. Ya no es el 29, el juvenil a prueba. Es el refuerzo, uno de los buenos refuerzos.