Se acabaron las novedades
Cuando, por suerte y por la gracia divina, aparecieron los teléfonos celulares el impacto y la emoción fueron sencillamente descomunales. Llamar a Pasto desde la cocina de la casa y que le contesten de Pasto desde otra cocina llena de cuis, era simplemente un milagro. Era tanto el entusiasmo y la "gana" de hablar por un celular, que quien no tenía para comprarlo, adquiría un radiecito de diez mil pesos y se lo ponía en la oreja para que en la calle creyeran que estaba hablando con Tokio, o cosa por el estilo.
Pasa el tiempo, nos llenamos de celulares y aparecen los telefonitos móviles con cámara fotográfica. Todo el mundo se tomaba fotos en las esquinas y las esculturas de Botero deben haber llenado los espacios de los nuevos celulares. Fue la locura. Hoy los dueños de celulares prefieren escuchar reggaetón por FM y dejan de lado la fotografía. ¿Dónde va a meter uno dos mil fotos de un muchachito que todavía ni empieza a caminar?
Y luego comienza el bombardeo de los aparatos raros, de los I Poid, de los satelitales, en fin, una serie de milagros que lo llenan a uno de estupor y a la vez de indiferencia. ¿Hasta dónde queremos llegar? Por mi parte me conformo con los timbrazos de llamada y la respuesta a quienes me llaman. Ya no se puede complicar más esta vida llena de mecanismos casi diabólicos. Y quién sabe si algún día regresemos al muchacho que llevaba boletas de un barrio al otro, para comunicarse con ella, o con la otra...
PAUSA. Ramo de flores a la amada, con una tarjeta que diga: ahí te mando estas colegas...
MEDICINA. ¿Se ha dado cuenta de algo que parecía imposible hace algunos años? ¿Se ha dado cuenta de que la medicina se ha vuelto en una ciencia popular? No digo por decirlo, ni con ánimo de descrédito a nadie. Pero vea usted lo qué dice la gente de hoy cuando habla de su salud: sí, querida, mi problema es mi hipertiroidismo, aunque también parece que tengo un serio problema con el helicobacter. No sé si hacerme un tac o esperar a ver en qué paran las cosas... Esto me huele a quirófano.
Y hay otros enfermos que salen con frases parecidas a esta: no, no, la medicina nuclear no sirvió para nada, yo sigo con el mismo problema y parece que el tracto auditivo, por los lados de yunque, es lo que configura el cuadro clínico...Y así se desarrollan muchos diálogos entre los pacientes, algunas veces cuando esperan en las saletas de los consultorios y otras cuando toman un algo en compañía.
Mientras los pacientes aprenden medicina por toneladas, las fórmulas de algunos distinguidos galenos se limitan a tres o cuatro pastillas que ustedes conocen muy bien: diclofenaco, ibuprofeno y dolex...
Y parece que los altos mandos les dicen lo que deben recetar. Porque los altos mandos, que no sé si sean todos médicos y todos altos, también se aprenden sus cosillas. Y al fin de la batalla, uno acaba curándose con los bizcochos de san Nicolás de Tolentino...