SEGURIDAD Y POLÍTICA DE ESTADO
Un importante principio de la teoría de las relaciones internacionales es que la máxima prioridad del Estado consiste en garantizar seguridad. George F. Kenan, estratega de la Guerra Fría, formuló la perspectiva estándar, el gobierno es creado "para asegurar orden y justicia internamente y proveer para la defensa en común".
La propuesta parece verosímil, casi salta a la vista, hasta que vemos más de cerca y nos preguntamos: ¿seguridad para quién? ¿Para la población general? ¿Para el mismo poder del Estado? ¿Para dominantes bases populares en el ámbito interno?
La seguridad para el poder del Estado está en el extremo más alto, como lo ilustran los esfuerzos que ejercen Estados para protegerse del escrutinio de sus propias poblaciones.
En una entrevista de la televisión alemana, Edward J. Snowden dijo que su "punto de quiebre" fue "ver al Director de Inteligencia Nacional, James Clapper, mintiendo directamente bajo juramento y ante el Congreso" al negar la existencia de un programa nacional de espionaje, conducido por la Dependencia de Seguridad Nacional, la NSA.
Snowden ahondó, diciendo que "La población tenía el derecho a saber de estos programas. La población tenía derecho a saber eso que el gobierno está haciendo en su nombre, y lo que el gobierno está haciendo en contra de la población".
La posición del gobierno es muy diferente: la población general no tiene el derecho a saber porque, por tanto, se socava la seguridad; en grado severo, afirman oficiales. Existen varias buenas razones para mostrarse escéptico con respecto a una respuesta así. La primera es que es casi completamente predecible: cuando el acto de un gobierno se expone, el gobierno alega seguridad como acto reflejo. Es por esto que la predecible respuesta contiene escasa información.
Una segunda razón para el escepticismo es la naturaleza de la evidencia presentada. John Mearsheimer, académico en relaciones internacionales, escribe que "La administración Obama alegó al principio, lo cual no causa sorpresa, que el espionaje de la NSA fue un factor clave para frustrar 54 conjuras terroristas en contra de Estados Unidos, dando a entender que había violado la Cuarta Enmienda por buena razón.
Hay, por supuesto, un sentido en el cual la seguridad es amenazada por la conciencia pública; esto es, la seguridad del poder del Estado de ser expuesto. El entendimiento básico fue expresado bien por Samuel P. Huntington, politólogo de Harvard: "Los arquitectos del poder en Estados Unidos deben crear una fuerza que pueda sentirse, mas no verse. El poder sigue siendo fuerte cuando permanece en la oscuridad; expuesto a la luz del día, empieza a evaporarse".
En Estados Unidos y otras partes, los arquitectos del poder entienden eso muy bien. Aquellos que han trabajado a través de la descomunal masa de documentos confidenciales que terminan siendo divulgados, por ejemplo, en la historia oficial del Departamento de Estado, "Relaciones exteriores de Estados Unidos", difícilmente pueden dejar de notar la frecuencia con que la seguridad del poder del Estado respecto de la población general es lo que termina siendo una de las inquietudes principales, no la seguridad nacional en algún sentido significativo.
Con frecuencia, el intento por mantener la confidencialidad va motivado por la necesidad de garantizar la seguridad de poderosos sectores nacionales. Un persistente ejemplo está en los mal llamados "acuerdos de libre comercio"; mal llamados porque violan radicalmente los principios del libre comercio y sustancialmente no tienen nada que ver con el comercio, sino más bien con los derechos de los inversionistas.
Estos instrumentos normalmente se negocian en secreto, como la presente Sociedad Transpacífica; por supuesto, no del todo en secreto. No es un secreto para los cientos de cabilderos y abogados corporativos que están redactando las detalladas cláusulas, con un impacto revelado por las pocas partes que han llegado a la población general a través de WikiLeaks.
Como concluye razonablemente el economista Joseph E. Stiglitz, con la oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos "representando intereses corporativos", no los de la población, "es baja la probabilidad de que sirva al estadounidense común lo que surja de las próximas pláticas; la perspectiva para ciudadanos comunes en otros países es incluso más sombría". La seguridad del sector corporativo es una inquietud que surge con regularidad en las políticas gubernamentales; lo cual, para empezar, difícilmente causa sorpresa dado su papel en la formulación de las políticas.
En contraste, existe considerable evidencia de que la seguridad de la población nacional -"seguridad nacional", como se supone que debe entenderse el término- no es una alta prioridad para la política de Estado
* Profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts.