SENTIRSE MIRADA
Sí: es importante internacionalizar la ciudad, que nos dejen plata y hablen bien de nosotros. Quitarnos "el capote de encima", como decían las abuelas. Genial que los medios de comunicación y miles de visitantes queden descrestados con el metro, la limpieza de la ciudad, el metro, la infraestructura, el metro, las calles descongestionadas, el metro, las mujeres hermosas, el metro…
Pero "ser mirados" no es lo más destacable del concierto.
Fue un ejercicio casi antropológico observar el juego de hacer fila sin oír insultos contra los homosexuales y drags que en circunstancias diferentes serían rechazados, estigmatizados o hasta agredidos. Fue entretenida, aunque breve, la puesta en escena de "somos una sociedad incluyente".
Medellín acogió un show absolutamente anticlerical, que le canta a la libertad y a los derechos de quienes no están bajo el manto protector de la tríada "Patria-Dios-Familia". Un espectáculo irreverente cuyo libreto parecía escrito por el Marqués de Sade, aprobado por Freud y con acotaciones de Quentin Tarantino y Stanley Kubrick.
Durante 48 horas, Medellín adoró a una señora de 54 años: ¡aceptó que la edad de una mujer no es un motivo para relegarla como un desecho de segunda…
Una gringa provocadora mostró que se puede ser divina a los 54 pareciendo de 54… y no como un ridículo remedo de muñeca, tallada a punta de bisturí que se niega a aceptar la existencia del calendario, el inexorable designio de Cronos. Esa rubia boquisucia expresó que no es propiedad de nadie ni tiene por qué dejarse moldear por los deseos del macho.
¿Que ella misma es un producto? ¡Pues claro… Pero uno inventado por ella misma: ella creó su propio canon.
Qué maravilla que el incienso de la apertura del concierto ahogó por algunas horas el humo blanco de la reelección del Procurador Alejandro Ordóñez, cabeza oficial y visible del desprecio a las libertades individuales de la mujer.
No sé si el alcalde Aníbal Gaviria calculó el impacto cultural que una función de tal envergadura representaría para una ciudad tan profundamente marcada por el pensamiento conservador. Es preciso confesarlo: ¡hemos pecado por confesionales…
Madonna, iconoclasta por excelencia, logró gritar lo que muchos músicos, artistas plásticos y teatreros, además de activistas, han clamado durante décadas: todos podemos convivir, en armonía, entre el abrazo tutelar de estas montañas.
Sí: ser el centro de atención es increíble. Y ahora, ya en silencio los amplificadores, que se silencie también el espíritu machista, egocéntrico y excluyente que suele afincarse en este valle.
Sentirse mirada halaga la vanidad. Pero no olvidemos que, antes de ir a dormir, la rumba culmina con un ritual doloroso y necesario: mirarse en el espejo.