Histórico

SEPTUAGENARIO

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11 de junio de 2014

Tengo prohibido mencionarlo en esta columna. Solo daré pistas como la de que compartimos durante nueve meses el mismo hotel de cinco estrellas de una nonagenaria que a su edad les exige a sus hijas que la pongan pispa para que sus yernos no la vean fea.

Hoy 12 de junio, cuando empieza el mundial de fútbol, llega a los setenta años, una edad sobre la que uno de mis cronistas favoritos, el español Julio Camba, escribió: "Septuagenario, palabra terrible, tanto por su forma como por su contenido".

Dormíamos en el mismo cuarto y vestíamos idénticos pantalones bombachos que nos hacía en su Singer la Coco Chanel de la casa. De niños leímos los mismos libros, Genoveva de Brabante y Lejos del Nido. Comíamos los mismos monótonos frisoles todos los días y despachábamos el mismo extenso rosario. Se tiene confianza para la camándula.

Para ahorrar, hicimos la primera comunión juntos y estudiamos para papas en el mismo seminario manizaleño. Pero Dios, que hace las cosas bien, nos tenía tiqueteados para ser orgullosos papás. Ni la castidad ni el celibato eran nuestro fuerte.

Si todo sale bien, Montebello, su pueblo natal, tendrá en este veterano a su primer santo. Tiene línea directa con el Espíritu Santo.

En sus cumpleaños suele volverse noche. Solo admite lluvia de oraciones de regalo. Apaga el celular. Búsquenlo en algún monasterio del Oriente antioqueño donde practica el turismo teológico.

Difícil encontrar a uno mejor separado que el setentón de estas líneas. Hasta tuvimos tiempo de compartir amigas. Aprovechaba cualquier descuido suyo para lucir sus gafas Ray Ban, sus mejores pintas y pachulíes. En épocas de vacas flacas domésticas se echó la obligación encima, diría el taita ya fallecido. Agradecidos.

Ve venir un nuevo sobrino nieto y de inmediato le regala El Principito con dedicatoria escrita en su bella letra de monje agustino. Tal vez es la persona en el mundo que más ha regalado el libro de Saint-Exupéry.

Levita en las reuniones de familia. Desde que se graduó de estadístico en la Universidad de Medellín todo lo vuelve cifras. Es de los que piensa que cuando el hombre se interesó en contar las lunas y los días se inició el registro estadístico. Le regalo esta calumnia: es de los que piensa que la única vez que el hombre se mantuvo fiel 100 % fue cuando Adán y Eva vivían solos.

No lo inviten a nada los martes porque el antiguo ejecutivo del Sena y de Fenalco-Antioquia, asiste al taller literario del maestro Luis Fernando Macías, a quien sus pupilos idolatran. Comfama paga la cuenta. Macías y su aventajado hijo aportan la prosa. También hace parte de una activa tertulia espiritual.

De pronto comete poesía pero por puro humor-amor al arte. No lo desvela la publicidad como a este sujeto.

Ruidosas felicitaciones en su setentena a mi superior jerárquico en nuestro chamizo genealógico.