SI FUÉRAMOS MÁS COMPASIVOS EL MUNDO SERÍA DIFERENTE
La compasión no es tema de curas o de monjas. Fue valor común y central de muchos de los grandes pueblos que existieron antes de Cristo y por eso en muchos aspectos fueron más civilizados que nosotros.
Los graves problemas de inequidad, violencia, inseguridad y mafia de todo tipo nos hacen pensar qué distinta sería nuestra situación si cada uno fuera compasivo y aplicáramos la regla de oro: "no hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti". Pues bien, en estos momentos se está creando en el mundo una red de ciudades compasivas encabezada por líderes de todo orden, que promueve la compasión en su más puro significado. La doctora Karen Armstrong, de origen inglés y formada en la Universidad de Oxford, autora de muchos libros y ganadora del premio TED lo único que pidió cuando le fue entregado, fue que se apoyara y divulgara la carta constitutiva de la compasión, fundamento del proyecto, cuyo texto es claro y contundente.
"El principio de la compasión permanece en el corazón de todas las tradiciones religiosas, éticas y espirituales y siempre nos pide tratar a los otros como nos gustaría ser tratados. La compasión nos impulsa a trabajar sin cansancio para aliviar el sufrimiento de nuestros semejantes, nos motiva a dejar de lado el egoísmo y aprender a compartir y nos pide honrar la inviolable santidad de cada ser humano, tratando a todos sin excepción, con absoluta justicia, equidad y respeto.
Es además necesario, en la vida pública y en la privada, abstenerse de causar dolor de manera sistemática y categórica, actuar o hablar de manera violenta y obrar con mala intención, manejarse priorizando el interés personal, explotar o denegar los derechos básicos e incitar al odio, denigrando a los otros, aunque sean enemigos. Actuar de manera contraria, implica negar nuestra humanidad. Reconocemos haber fallado en vivir con compasión y sabemos que alguien, incluso, ha incrementado la miseria humana en nombre de la religión.
Por eso pedimos a hombres y mujeres, restaurar la compasión al centro de la moralidad y de la religión; volver al antiguo principio que afirma que cualquier interpretación de la escritura que incite a la violencia, al odio o al desprecio, es ilegítima; garantizar a los jóvenes una información positiva y respetuosa sobre otras tradiciones, religiones y culturas; estimular a una positiva apreciación de la diversidad cultural y religiosa; cultivar una empatía consecuente con el sufrimiento de los seres humanos, hasta con aquellos que consideramos enemigos.
En nuestro mundo polarizado hay una necesidad urgente de transformar la compasión en una fuerza clara, luminosa y dinámica. Arraigada en la determinación de trascender el egoísmo. La compasión puede romper las barreras políticas, dogmáticas, ideológicas y religiosas. Nacida de nuestra profunda interdependencia, la compasión es esencial para las relaciones humanas y para la realización de la humanidad. Es el camino hacia la claridad, indispensable para la creación de una economía justa y de una comunidad global y pacífica".
El blog de la Universidad de Harvard del 17 de septiembre, registra la tendencia mundial hacia una administración más compasiva y la compasión en el trabajo. ¿Será que nuestras escuelas, colegios y universidades pueden ser compasivas y nuestras empresas y sitios de trabajo centros de compasión? ¿Será que Medellín puede ser una ciudad compasiva, al igual que otras en el mundo?
Compasión no es dar limosna, más bien es la más fina expresión de la responsabilidad social. Es aceptar la invitación a ir donde duele, a compartir donde hay rupturas, temores, confusiones o angustias. Si otros quieren y pueden, ¿por qué no lo podemos intentar nosotros?
* Miembro del Centro de Fe y Culturas