Histórico

SOBRE CONTAMINACIONES CRECIENTES

Loading...
21 de marzo de 2014

Estación Humero, en la que la gente anda entre brumas, nieblas y esmog; en medio del calor abundante y las lluvias intensas, invadida por la información comercial, embutida en pequeños espacios y debiendo dinero. Y detenida en enormes trancones debido a las fallas en la movilidad, la falta de vías y la abundancia de vehículos (que se multiplican de manera incontrolada y peligrosa) con conductores delirantes adentro. Y a todo esto, la impaciencia que se desborda de diversos modos: gestos, maldiciones, empujones, miradas torvas, llamadas impertinentes de celular, volumen exagerado en los aparatos de sonido, pisotones en los aceleradores y pitazos para abrirse paso hasta el próximo semáforo. Y lo anterior sin contar las filas en las taquillas, los indigentes apoderados de los parques, los pregoneros de artículos diversos, la invasión del espacio público y la presencia ampliada de los que no quieren ser de este mundo y van volando por ahí.

La ciudad hierve en su criadero de contaminaciones y contradicciones, llenándose de concreto vertical (el que más efecto produce), ruido en carnaval, unidades móviles de contaminación (carros, motos, buses, camiones chicos y grandes), avisos de este lugar está libre de humo (qué cinismo), acosos laborales, sexuales, políticos, producción increíble de basura y espacios sobrepoblados. Y dispersión de la atención, porque aquí se habla y ordena pero no se hace porque basta iniciar algo para verse interrumpido por otra cosa, como si fuéramos una especie de alcantarilla a la que llegan cargas sin parar, basta con que alguien suelte. Y claro, las ideas se recalientan, el estrés hace de las suyas y la contaminación ya no es externa sino interna. Y así funcionamos, echando chispas.

Claro que funcionamos a medias o a un cuarto, porque el problema de la contaminación es que reduce las capacidades no solo pulmonares o de resistencia de la piel sino mentales y de trabajo. Y no se debe solo al calentamiento o a la carga permanente de CO2 en desorden que mata hasta los árboles, sino a la contaminación producida por la sobreinformación (¿Cuánto tiempo perdemos en internet y jugando con celulares? ¿Cuánta de la información que nos llega la usamos de manera racional? ¿Cuáles son los niveles de aceleración que nos produce estar conectados?). Hablamos de contaminación y creemos que solo es recalentamiento ambiental, cuando lo cierto es que también tenemos el cerebro recalentado, al punto que ya pensamos en términos de insultarnos.

Acotación: En un cuento de Hruki Murakami, Sauce ciego, mujer dormida, el personaje es un hombre que mira la oreja de su primo, que cada tanto se queda sordo. Y al preguntarle si no sufre mucho con la sordera impertinente, el primo dice que no, es como estar en el fondo del mar con los oídos tapados, sabiendo ya al fin quién es él. No está mal.