SOBRE FANATISMOS DIVERSOS
Estación Soyelescogido en la que se reúnen asoleados, delirantes, extraterrestres no clasificados, planeadores de circos, santones humedecidos por el Ganges, descendientes del gran Burundú-burundá (todavía en Las escalinatas del maestro Zalamea), micos, serpientes y gentes mal tocadas por los dioses, cobradores de prediales, locutores deportivos y de emisoras juveniles, vallenatólogos y economistas de oficina.
Y hablaría de una fauna más amplia si la manigua permitiera entrar más al fondo, que los poseedores de la verdad son tantos como los negocios callejeros y saltan por todas partes invadidos por el espíritu de los tiempos, que es el dar primero y después justificar.
O el señalar antes para que no haya reacción. O inflarse y estallar a causa del entusiasmo (estar llenos de divinidad).
De la cría de estos personajes debería dar cuenta la Biblia, pero el libro santo se hace a un lado, tanta es la locura que vivimos desde el inicio del día hasta la noche. Debe ser el cansancio. Al rabino Kotzk (cuenta Martín-Mordejai Buber en Los cuentos jasídicos) un hombre le preguntó: ¿Por qué dicen que soy fanático y no piadoso?
El rabino sonrió y le dio esta respuesta: si pones los fundamentos antes que los resultados, eres un fanático. Si muestras los resultados y luego explicas los fundamentos, eres un piadoso. No es hablando ni imponiendo sino haciendo como los hombres son respetados.
Y no se dice más en el cuento, que ojalá fuera atendido por tantos que van por el desierto viendo lo que no es y diciendo lo que en ellos no se demuestra.
En la filosofía pragmática norteamericana se dice que la lógica de una verdad no está en su exposición sino en sus resultados. Pero por estas tierras de pantanos y minerías contaminantes, hablar es como disparar a la loca. Y peor.
En una sociedad donde todas las personas están que trinan, es claro que hay que apoyarse en algo (para eso son los principios y las demostraciones). Ya se sabe, estar sin fundamentos es estar sin raíces. Pero cuando se defiende una mentira (como pasa cada día) y con base en esta se crea una polarización y una psicopatología extraña (creer con fe y rabia en la mentira), el fanático es peligroso: ve en blanco y negro y camina como el cangrejo, en aguas contaminadas, tratando de que todos lo sigan y se hundan con él, como ha sucedido con tantos líderes mundiales (Hitler, Stalin, Leónidas Trujillo, etc.) enloquecidos por el yoísmo y la creencia de que sus problemas son los problemas de los demás. De esta gente líbranos Señor, si es que no Te has ido y ya vale de nada decir amén.
Acotación: en la época de la piedra a medio pulir (el paleolítico), la mentira continuada engendró el miedo.
El canibalismo, el incesto y el crimen. Y ahí vamos, regresando a los cuchillos de obsidiana (los de los sacrificios aztecas), a las señales de humo y al dios jabalí, que cría fanáticos como huevos el mosquito.