Histórico

SOBRE LA SOCIEDAD DE CONCRETO

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28 de junio de 2013

Estación Temperatura, que no necesariamente indica verano o invierno (que en estas tierras son lluvias y soles medidos en grados centígrados y centímetros cúbicos), sino un efecto que tiene que ver con estados económicos, consistencia del color, tipos de humor y situaciones políticas.

Y, si se quiere, con estados del entendimiento, que se miden no en logros sino en aciertos. Un logro es alcanzar algo a las buenas o a las malas, como pasa en las guerras y en ciertos deportes, en tanto que un acierto es un estado de estar mejor, menos confuso y sin que haya daño de lo otro.

El siglo XX, el peor de la humanidad según Isaiah Berlin, desarrolló las tecnologías a un punto nunca previsto. Y con base en ellas mejoramos nuestro hacer, ampliamos nuestra capacidad de acción y soñamos desmesuradamente, pero nos afectamos en términos de sensibilidad, sensatez y calidad de vida.

Y nos dimos a lo vulgar, que no satisface lo natural (la necesidad sentida) sino que obedece solo al deseo.

Y en ese deseo (que ya es esquizofrénico, pues nos vemos en las cosas que se obsoletizan, ritualizando una diaria tecnolatría, y no en nosotros) nos parecemos al concreto, material de construcción que se aferra con fuerza al acero (aleación de hierro y carbón) y logra edificios de grandes alturas.

Es claro que el concreto acelera las construcciones, es una mezcla más resistente y permite que la arquitectura y las obras de ingeniería civil logren mayor duración e impacto, se adapten a diseños diversos, puedan ser reconstruidas y se una con facilidad a otros materiales. Y es más económico y de fácil mantenimiento.

Y en términos estructurales, es más conveniente de manejar. Hasta aquí, el concreto es una solución. ¿Pero qué pasa cuando reemplaza naturaleza, se calienta, no cambia y se corroe?

Todo lo que construimos a partir de la transformación de materias primas tiene un final más acelerado que la naturaleza. Es la teoría del asolamiento, que tanto gusta a los sufíes (místicos islámicos).

Y eso que construimos no se reproduce ni cambia, solo envejece, se deteriora y al final es reemplazado. Y sus usos se demeritan en la medida en que otros acceden a ellos, lo que hace que la idea original se transforme y hasta se contradiga, no logrando aciertos sino creando mutaciones que se vuelven contra nosotros. Pero ya el paisaje natural cambiante y dador de información es cada vez menos, pues se va reemplazando por el concreto, ese ente fijo que permanece impasible como cualquier ídolo, esperando a que el tiempo dé cuenta de él. Y nosotros pareciéndonos al concreto, fijos.

Acotación: Jean Paul Sartre decía que lo más idéntico al hombre era la naturaleza y que de allí sacábamos las soluciones a los problemas que enfrentábamos. Pero esto se perdió y nos miramos, entonces, a nosotros mismos buscando la solución. Y esto se perdió también. Ahora miramos cosas que comienzan a envejecer una vez las compramos. Y ahí vamos.