Histórico

Solidaridad, lo que le
sobra a la Hermana María

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04 de febrero de 2010

Lo tuvo claro desde la niñez, cuando en vez de arrullar a las muñecas, las filaba para enseñarles. Y lo ha corroborado a lo largo de su vida: "la promoción de la gente es la educación. No hay otro camino".

A sus 83 años de edad, la Hermana María Agudelo Moreno recuerda con emoción y alegría su infancia en el seno del hogar que formaron el ingeniero civil Rafael Agudelo y doña Susana Moreno. Ella fue la menor de los seis hijos -cinco mujeres y un hombre-, hoy ya todos fallecidos.

Solo una de ellas se casó y les dio la alegría de ser abuelos a sus padres y tías a ella y a sus hermanas. Las demás mujeres, al igual que María, optaron por la vida religiosa. "Una amiga dijo un dìa que nos debieron haber dado el Guiness por la falta de originalidad", anota ella riéndose.

Todas eligieron el camino de la educación. En parte, por la insistente preocupación del papá porque estudiaran y siempre tuvieran buenos libros para leer, y en parte porque fueron alumnas de La Enseñanza.

La Hermana María recuerda que estando joven se enamoró. Sin embargo, "hice un cálculo paisa (mezcla matemática y económica): si me caso con Alfredo educaré, a lo sumo, cinco hijos. Si no lo hago podré, como educadora, enseñarle a muchos hijos: 500, 1.000 o 2.000" afirma, a la vez que confiesa desconocer cuántos alumnos ha tenido.

Sin fronteras
A la edad de 19 años ingresó a la Compañía de María donde le inculcaron prepararse para servir más y donde tuvo una vida larga y fructífera, que solo ahora por problemas de salud e invalidez se ha visto afectada para continuar en la docencia.

Sin embargo, estos problemas físicos no han sido óbice para continuar con su vida de entrega a los más necesitados. Todos los días después de sus oraciones y la Santa Misa , se sienta frente al computador para responder sus correos, impartir directrices y estar atenta a las necesidades de la gente.

Una disciplina que aprendió desde sus primeros años en la Compañía de María y que se acrecentó cuando ingresó a la primera promoción de la Facultad de Filosofía en la U.P .B. y luego cuando ocupó su primer trabajo en la Confederación Latinoamericana y Caribeña de Religiosos (Clar).

Como directora de esta organización, la Hermana María viajó por muchos países en misiones a América Latina y Europa, y se concentró en aprender varios idiomas que fueron de gran utilidad para la entidad.

Momento de luz
"Cuando formé parte de la Junta Directiva de la Clar , insistí en ayudar a los más pobres formando a los religiosos para que los ayudaran. Esto fue un momento de luz", anota la Hermana María.

Esta filosofía de vida la llevó a pedir su traslado a Pasto, en Nariño, donde la Compañía de María había creado una obra social: el Centro Comunitario La Rosa , bajo la dirección de su hermana Cecilia Agudelo.

"Fueron los 32 años que más aproveché en mi vida", anota. Su hermana le sirvió de maestra hasta antes de fallecer por un cáncer, y la dejó "enchufada en el trabajo".

El Centro Comunitario La Rosa cuenta con varios programas: un hogar infantil para 140 bebés entre 10 meses y cuatro años; un colegio oficial con 930 alumnos, de preescolar hasta once; una biblioteca popular con 7.500 volúmenes, y una Casa del Joven con seis talleres que atiende a un promedio de 130 a 150 jóvenes.

"Hoy, como asesora, sigo atenta a lo más urgente", afirma mientras revisa su correo electrónico y reconoce que como tantos otros profesionales, "me embarga el sentimiento del deber cumplido".