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SOMOS PADRES… PERO TAMBIÉN PERSONAS

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02 de agosto de 2014

La mayoría de los padres nos movemos entre la disyuntiva de disponer de más tiempo para la familia y, a la vez, poder dedicar suficiente tiempo al trabajo. Pero como hoy tenemos tantos compromisos, tantas posibilidades y tantas necesidades, así como muchas ganas de tener más diversiones y mejores opciones, a menudo las exigencias que nos imponemos como adultos son más que lo que podemos manejar y disfrutar.

Hoy en día ya no basta tener un matrimonio armónico, una casa cómoda y unos hijos obedientes y buenas personas. Tampoco es suficiente que no solo basta ser buenos padres, buenos profesionales y buenos proveedores. Y en lo que a los hombres se refiere, tienen que colaborar activamente en la crianza de los niños además de trabajar como esclavos mañana, tarde y noche si no quieren perder su empleo o ver fracasar su negocio.

Quizás por estos motivos, las expectativas y demandas que les hacemos a los niños también son demasiadas. Los colegios tienen unos estándares de rendimiento académico enormes que hacen que muchos necesiten un tutor permanente para que no los reprueben. Los entrenadores de los equipos deportivos los presionan constantemente para que rindan más y jueguen mejor… Y los padres los empujamos continuamente para que sobresalgan en todos los frentes.

Lo cierto del caso es que no tenemos que hacer tanto ni darles siempre todo y lo mejor a los hijos, porque por vivir haciendo demasiados esfuerzos perdemos el entusiasmo por la paternidad y la alegría de ser padres. Para ser buenos papás y mamás no hay que ser perfectos. Además de ser santos, basta con ser pacientes y comprensivos para no "ahorcarlos", a la vez que ser estrictos y darles buen ejemplo.

Vale más tener una familia imperfecta pero contenta que una con tantas demandas que todos andemos estresados por la tensión en que vivimos. No hagamos demasiadas exigencias, ni pretendamos hacer más de lo que humanamente podemos porque haremos todo mal o, por lo menos, de mala gana. Bastará con darle mucho amor y buena presencia a nuestra familia, que es lo que más necesitan los hijos… y también nosotros.