Súper hombres
En 1959 Stan Lee, el padre de Spiderman, Hulk y Iron man entre otros, se aburrió de la desidia ambiente frente a las hazañas de sus personajes y decidió hacer un guión de cuatro páginas para la estrella del momento, el hombre que Sartre comparaba con San Juan de la Cruz y el mundo aclamaba como un santón de la nueva humanidad. El cómic lo dibujó Joe Sinnot y tenía como título “The man with the beard”. Las multitudes habaneras aclaman la viñeta de Fidel Castro mientras la historieta lo describe: “Éste es el hombre al que Cuba saluda como héroe y libertador”. “El grupo de barbudos que bajaron de las montañas hasta la capital para liberar al pueblo y fundar un nuevo país” parecía tener poderes sobre naturales. Habían logrado que el anticomunismo militante de los Súper Héroes gringos acogiera a un guerrillero que estaba a punto de escoger la hoz y el martillo como sus armas. Al final la historieta pregunta: “¡Él ha ganado la guerra, pero esto es solo la mitad de la batalla! ¿Puede Fidel Castro, el hombre de la barba, ganar lo más importante, la paz? Solo el futuro y la historia lo dirán”. Ahora ni el Omega tres puede salvar a Fidel y la revolución es una larga historieta con final de villanos. Pero dejemos tranquila a Cuba en manos de su nuevo salvador: el hombre de la boina roja.
John Fitzgerald Kennedy también tuvo su momento para codearse con los ídolos de chicos y grandes. Fue Súper Amigo de Superman en tres historietas. La primera en 1962 cuando presentó a Supergirl en la Casa Blanca. Mas tarde “La mayor heroína del mundo” ayudó a vencer a un monstruo interdimensional, gesto que Jacqueline y su esposo le agradecen con un ramo de flores entregado por la mano de los niños de un orfanato de Midvale. En una nueva entrega Kennedy sirve para esconder el gran secreto de Clark Kent. El presidente toma la identidad del reportero en una recepción sorpresa que le han organizado a Superman en el programa de TV “Nuestros héroes americanos” e impide que algunos suspicaces confirmen las sospechas de la doble identidad. Superman agradece con una frase en la que hasta los niños intuyen algo de ironía: “Sabía que mi identidad secreta no estaba en peligro, pues si no se puede confiar en el presidente de Estados Unidos, ¿en quién se puede confiar?”.
La última misión encomendada por Kennedy es más una campaña cívica que una hazaña para los grandes poderes del hijo de Kryptón. Superman debe idear un programa para mantener en buena forma física a los jóvenes americanos. Algo parecido a lo que intenta el engendro de Barney con los niños de hoy. Creo que el héroe rechaza ese ofrecimiento para manejar el INDER del Imperio.
Barack Obama es el más reciente de los Súper Hombres. Un político convertido en insignia mundial con el simple atributo de su voz y el contraste con la sombra de su antecesor. Obama también mereció su puesto al lado de una de las criaturas de Stan Lee. En la historieta publicada el 14 de enero, Spiderman salva a Obama durante su posesión cuando un archienemigo pretendía suplantarlo. El Hombre Araña le pregunta al nuevo presidente: “Si usted consigue estar en mi portada, ¿yo podría estar en el billete de un dólar?” Es el momento para una pregunta más parecida a la que Lee le hizo a Castro hace cincuenta años: “¿Podrá Barack estar a la altura de La Esperanza que ha generado? ¿Podrá hacer que esa palabra tan gastada valga más que el billete de un dólar?”. Vladimir Putin, otro de los archienemigos, ha respondido sin necesidad de máscara: “Las mayores decepciones, nacen de las grandes esperanzas”.