Sushi mata empanada
Una primera batalla acaba de perder la empanada frente al sushi. La "horrible noche" de la empanada de iglesia tuvo lugar durante reciente instalación del Consejo Asesor de la Casa de Antioquia, en Bogotá, con asistencia del ministro del Interior, Fabio Valencia Cossio, y del gobernador Luis Alfredo "Suchi" Ramos. El Consejo será el Espíritu Santo de la nueva directora de la Casa, Lía Cristina Velásquez.
Para estómagos montañeros, pasar de la empanada al sushi equivale a hacer el tránsito del uribismo al yidismo. Este negro montebellense apenas probó el sushi. Prefiere suchi-charrón.
Invitados y colados nos aprestábamos a despachar las anoréxicas y deliciosas empanadas, aconsejadas por el tabernero Andrés Jaramillo para consumir en abarrotados recintos cerrados por sus efectos antiflatulentos cuando entran en contacto con el guaro oficial.
Junto con la empanada, fueron pordebajiados el Himno Antioqueño y el Nacional que parece compuesto para un país que no existió. ¿Qué se "fizo" la placa conmemorativa de los 30 años de creación de la Casa que pusieron el sacrificado gobernador Guillermo Gaviria Correa, el poeta Luis Carlos González e Iván Darío Cadavid?
Más que la llegada 50 minutos tarde del ministro Valencia Cossio, incomodó al respetable la ausencia de ese otro yo del colesterol que es la empanada.
El Gobernador también se hizo esperar. Pero nadie chistó. Los asistentes a la Casa de Antioquia, que es el polo a tierra con el terruño, queríamos dejarnos ver de Ramos y de Valencia Cossio, quien empezó el cursillo de Juan Manuel Santos paisa. Arrancó con una primera paloma presidencial. Después irá por todo el poder.
Conviene dejarse ver de los poderosos porque de allí puede salir el puesto o el contratico salvador. (Confieso impúdicamente que voy detrás de la alcaldía de la Ciudad de Hierro).
Los asistentes nos despelucamos por coronar la migaja de una sonrisa oficial. Tanto Valencia Cossio como el Gobernador lucían la sonrisa fácil, cómoda, de quien tiene la sartén burocrática por el mango. Como las elecciones están lejos no había necesidad de recordar rostros ni nombres. Esa amnesia terminará cuando se aproximen nuevos comicios.
El Ministro regaló otra frase para el olvido: "Estamos en el fin del fin de la guerrilla". Ya había dicho para la historia: "O cambiamos o nos cambian". No sucedió ni lo uno ni lo otro.
"Sushi" Ramos aprovechó la coyuntura para felicitar por su gestión al saliente presidente de la Cámara, Óscar Arboleda, quien agradeció el piropo. Es de tan mínimo perfil Arboleda que suele almorzar en un proletario restaurante cercano al Congreso (La Tía) que vende corrientazo a 4.500 pesitos. Arboleda ama la sopa de raíces para rendir legislativamente.
La paisamenta ("no son gente, son unos paisas") disfrutó la velada como García Márquez añora el olor de la guayaba. Y regresó a casa maltratando el himno del ninguniado Epifanio.