Histórico

Trinidad: estuvo bajo poder de los escoltas

24 de abril de 2009

Puerto España es una ciudad pequeña, de puerto, parecida a un pueblo caliente de Antioquia, que por más preparación y entusiasmo previo, se vio sorprendida hace ocho días con la llegada de la V Cumbre de las Américas.

Apagadas las cámaras y escondidas las grabadoras, los miembros de las diferentes comitivas presidenciales reconocieron que la organización se le salió de las manos al pequeño país y para nosotros, los periodistas, la relación con la noticia fue un caos porque los escoltas de los presidentes más populares fueron los encargados del orden. Orden muchas veces distribuido a puños y codazos.

Justo hace ocho días, en el momento de inicio de las conversaciones multilaterales, los periodistas tuvimos nuestro acceso más cercano a los presidentes, pero la historia detrás de cada entrevista lograda, fueron horas de espera, empujones y madrazos.

A las 10 de la mañana del pasado sábado salían de un recinto para otro los presidentes latinoamericanos y nosotros, los reporteros, decidimos atrincherarnos en una esquina para detenerlos.

Los presidentes Evo Morales, de Bolivia; Fernando Lugo, de Paraguay, y Álvaro Uribe, de Colombia levantaron las manos, saludaron y prefirieron no emitir ningún comentario.

Cristina Fernández, de Argentina, parecía buscar a los periodistas para darles declaraciones, al igual que Alan García de Perú.

Pero el verdadero show, entre los mandatarios latinos, se lo robó Hugo Chávez. Agitando las manos y rodeado de escoltas, atravesó el hotel en medio de un mar de gente en el que la desorganización se hizo evidente. Dos colegas colombianos (una mujer y un hombre) sucumbieron ante el 'tsunami' de personas que intentaban una foto o una entrevista y yo, que estiré la grabadora para registrar una declaración, logré un codazo en las costillas y un tirón de camisa.

"Cálmensee muchachoos, cálmense...", decía un sonriente Chávez que parecía acostumbrado a que el mundo entero se volcara hacia él.

Trinidad y Tobago a merced de los escoltas.

Y aunque los presidentes se mostraron complacidos con la recepción, todos aquellos que estuvimos afuera de los claustros notamos que en las calles de Puerto España la realidad era muy distinta.

Recibí una credencial de "delegación" que me permitió colarme en los cocteles. Otros colegas, que llevaban una semana en la ciudad a la espera del evento, no tenían permitido ni siquiera entrar al hotel.

En contraste, el manejo diplomático del gobierno colombiano dejó con la boca abierta a buena parte de los asistentes a las reuniones.

La sentada del presidente colombiano Álvaro Uribe al lado de Barack Obama fue un trabajo de filigrana que tardó varios meses y que una vez se logró algunos ingenuos se lo concedieron a la suerte.

"Si, fue suerte. Una suerte en la que se trabajó mucho", dijo la embajadora de Colombia en E.U. , Carolina Barco.

Alejados del esplendor de las corbatas y los carros blindados, Trinidad y Tobago fue un pueblo amable y cálido.

La gente de la isla, de un inglés con un acento británico y caribeño al mismo tiempo, puso la cuota de la amabilidad. Esa fue otra historia. Los taxistas dispuestos y los dueños de casas, incluso cediendo cuartos para acomodar a una multitud de gente que llegó a su ciudad el fin de semana.