Tristeza local con la caída de Egipto
EL TRIUNFO ARGENTINO sobre los egipcios se vivió tanto en el campo como en la tribuna. Los aficionados de Medellín tomaron partido por los del norte de África y se calentaron con los grandes errores del juez de Suecia. Argentina se fue entre chiflidos, aplausos y groserías.
¡Y eso que acá murió Carlos Gardel! Ni esa muerte, ni la tradición del tango en los barrios, ni de los colombianos en Boca y River, ni que al antioqueño le dicen el argentino de Colombia. Nada de eso. Ayer, la derrota egipcia se vivió como propia en Medellín.
La victoria 2-1 de Argentina sobre Egipto, por los octavos de final del Mundial sub20, fue como si el Atanasio Girardot viera caer a Nacional o Medellín. "Hay que tomar partido por uno, y es que esos argentinos nos han tratado muy mal", decía desde la tribuna Carlos García, comerciante, y que con camiseta de la Selección Colombia le hacía fuerza a Egipto.
No fue casualidad. Desde el minuto cinco se vino el primer Egipto, Egipto desde la tribuna. Antes, a los tres del arranque, llegaron los primeros chiflidos para los argentinos, una relación que se quebró desde la primera ronda. Unos pocos mantenían ese apoyo, con camisetas celestes y de varios clubes. "Es raro, nos apoyan en la calle, pero no en el estadio", había dicho el portero gaucho Esteban Andrada.
Y el romance con los faraones y desencuentro con los albicelestes se acrecentó cuando Carlos Luque tropezó su pie izquierdo con el derecho, un acto que para el tibio central Marcus Strombergsson fue penalti. El estadio se quería venir encima del árbitro cuando Érik Lamela puso el 1-0.
¿Más bronca? A los 64, cuando Luque volvió al suelo, esta vez empujado por Omar Gaber, algo más claro, pero igual de discutido para la tribuna. 2-0 de Lamela, y el Atanasio cada vez más cerca de los egipcios.
El único atisbo de amor llegó a los 70, con un penalti igual de dudoso, que Mohamed Salah cambió por gol, y convirtió la espera en agonía.
Con el zaguero Ahmed Hegazi de delantero centro, muchas ganas y poco fútbol, los faraones entregaron todo por el empate. La tribuna lo sintió, y casi celebra con un cabezazo que Leonel Galeano sacó en la raya. El corazón se fue con Egipto, y eso que Gardel y sus tangos aún ahogan penas en Medellín.