Un diseñador zambullido entre telas
Camilo Álvarez es un joven diseñador que en pocos años ha sorprendido por su talento y sus creaciones. Él, un chef y un músico se fueron a reencontrarse y a descubrir esos espacios que no suelen recorrer. Y se sorprendieron. Tres crónicas fuera de lugar.
Entonces Camilo se quedó mirando al señor y el señor se dejó mirar. Luego le preguntó que si estaba dejando la camisa de manga corta y el señor le dijo que era que le iba a hacer unos bolsillos.
Y Camilo, sin dejar de mirar la manga cortada sobre la mesa, mientras el señor despegaba los botones de la otra, le volvió a preguntar, ya con camisa en mano: "¿Y si le va a dar para darle la vuelta?" El señor se acercó, lo miró, cogió la camisa y dobló varias veces: "Sí, mire que sí". Y ahí se fueron yendo, hasta que el señor descubrió que era diseñador y concluyó: "Yo también diseño, pero aquí no. Aquí sólo arreglo. En la casa tengo el espacio. Y doy clases. Cuando me necesite, con mucho gusto".
Camilo Álvarez estaba en La Minorista. Justo en ese segundo piso, donde los segundazos de ropa se asoman, casi empujándose uno tras otro. "Aquí me encontré una vez un vestido de encaje de Óscar de La Renta y un pantalón de Isabel Henao".
Y es que él, que se graduó en 2008 como diseñador de modas de la Colegiatura, que fue ese mismo año diseñador revelación según la Revista Cromos, no era la primera vez que se asomaba por allá.
"Para vestuario de teatro este lugar es muy bueno". Y para una entrega, cuando todavía era estudiante, salieron unos zapatos. Así, sobre todo cuando ha tenido alguna relación con las artes escénicas, se ha metido a rebuscarse entre blusas y pantalones y sombreros y chaquetas y colores y ese montón de cosas que aparecen al tiempo.
"Uno encuentra muchas piezas muy bien hechas, pero que se les nota que han sido usadas muchas veces". Encuentra de todo, por supuesto.
Camilo las mira, se detiene, observa las costuras, toca la tela. El saco verde de lana lo miró varias veces. "Tenía buenos acabados". Y a él se le ocurre pensar "dónde lo habrán hecho", porque tiene elementos de costura complicados. "Cuando uno viene aquí se imagina cómo fue esa persona que usó ese vestido y por qué estará aquí".
Sólo que las respuestas serán suposiciones todas, él sabe que, de todas maneras, sería muy difícil averiguarse cada historia. Y tal vez ni la señora se acuerde por qué el Isabel Henao terminó ahí, arrumado, baratísimo.
De ver y tocar
Al hueco, cuando era estudiante, Camilo iba, mínimo, unas tres veces a la semana. Se sabía los recovecos y hasta la señora vendedora de tela ya lo saludaba como de todos los días.
Ahora, si acaso, irá unas dos veces al año. Prefiere solo, con lista en mano, para que le rinda más. Cuando va, es sobre todo a buscar telas para hacer ensayos. "Yo aquí me he desembalado con cositas, pero muy poco, por lo de la garantía. Uno necesita un certificado de calidad".
Lo que sí se acuerda es el lenguaje, muy informal él. "Todo es lino y puede ser algodón. A todo le dicen lycra y la Lycra es una marca. Uno tiene que aprender a manejarlo".
Camilo mira y toca. Para él, una tela tiene que ser "deliciosa" al tacto. La comodidad es fundamental. Toca porque ahí va mirando si es de algodón, que tanto le gusta, si es estampado o preteñido o qué tan liviana es.
"Esto tiene mucho poliéster y es más como para señora, para pantalones de oficina". Total, esa pared de telas, organizadas en triángulo, no son para él.
Y eso que, confiesa, le gustan muchas telas. El algodón cien por ciento, como lo repite varias veces, pero también el jersey, las telas básicas con algún acabado o con ninguno. A veces utiliza telas para ropa interior, para ponerlas en exterior.
"Yo no me caso. En cada colección entran básicos", pero cada colección, como dirían por ahí, trae su afán.
Camilo no recatea. Para eso sí es muy malo. Más bien espera los dos precios. "Aquí te dicen siempre, te vale $5.000, pero se lo dejo en $4.000".
Él prefiere acomodarse y si no se acomoda, pues se va por otro atajo. Lo que sí pregunta, mejor, es por el precio al por mayor. Ahí es donde encuentra el descuento, y el negocio, si es del caso.