Histórico

Un fracaso "rápido y furioso"

El Presidente Barack Obama no tendrá mucho tiempo para explicar cómo fue que un lote de armas americanas terminó en manos de los narcos mexicanos en una operación encubierta bajo conocimiento de la Casa Blanca. El Fiscal Eric Holder aceptó su responsabilidad y dijo que la "Operación Rápido y Furioso" fue un fracaso y sus efectos les costará la vida a muchas personas.

09 de diciembre de 2011

La Operación Rápido y Furioso, que buscaba "dejar caminar" armas fabricadas en Estados Unidos hacia los carteles de la droga mexicanos, en 2009, podría convertirse en el tema de campaña más devastador para el Presidente Barack Obama, y en la mejor explicación de su homólogo Felipe Calderón de por qué la violencia ha cobrado tantas víctimas en la lucha contra los narcos.

Con algo más que tufillo político, los republicanos han enfilado baterías contra el Departamento de Justicia y, en especial, contra el Fiscal General Eric Holder, quien el pasado jueves no tuvo más remedio que aceptar ante el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes de Estados Unidos que "no menos de 2.000 armas americanas fueron a parar a manos de los carteles y mucha más gente va a morir en México".

Estas declaraciones no solo ponen a Holder en el camino de que se le adelante un juicio político en el Congreso de Estados Unidos, sino que tienen a Obama en una delicada situación de credibilidad, pues sus detractores consideran que no puede ser cierto que no supiera los alcances de Rápido y Furioso.

El Presidente Calderón había advertido en repetidas ocasiones la laxitud en las políticas de venta de armas en Estados Unidos y los sangrientos efectos que está desatando en México la lucha contra las drogas, pues los narcos no solo siguen exportando cocaína, sino adquiriendo armamento cada vez más sofisticado.

La muerte de un agente americano de la patrulla fronteriza en Phoenix, a manos de los narcos y con una de las armas que hacían parte de Rápido y Furioso, fue una más, pero quizás la más publicitada de una serie de hechos violentos que cobraron la vida de 200 personas a lado y lado de la frontera en el último año, todas con armas de la fallida operación encubierta.

El Presidente Obama ha calificado el hecho como una "metida de pata", pero las consecuencias apenas se asoman. La posición de los republicanos se suma a la denuncia del Presidente Calderón de que la campaña política en México está "infiltrada por el narcotráfico". Los comicios presidenciales en este país son en 2012.

El reconocimiento del Fiscal Holder de que la venta encubierta de armas hacia los carteles mexicanos fue un fracaso y sus efectos sobre la violencia se mantendrán por varios años, ha contribuido a que los opositores y organismos de derechos humanos califiquen a Rápido y Furioso como el Watergate de Obama, en alusión al caso de espionaje que terminó en la caída de Richard Nixon, en 1972.

Además de los estragos y las numerosas víctimas que ha causado la guerra contra los narcos en México, los cuestionamientos a la política antidrogas de Estados Unidos han vuelto a entrar en la campaña electoral, no solo en el ámbito interno, sino regional y mundial.

Dentro de los grandes interrogantes que aún no tienen una respuesta clara de la administración Obama, y de las de sus antecesores, está el de cuántas operaciones fallidas como Rápido y Furioso se desconocen, dada la mutación de los carteles mexicanos hacia otros países de Centroamérica.

El debate será largo. Pero va quedando claro que en la lucha contra los narcos en México no todo ha sido "rápido" y, en cambio, sí existen motivos para que Calderón esté "furioso" con Obama.