Un hombre obsesionado por la paz
El 5 de mayo se cumple un nuevo aniversario del execrable crimen cometido por las Farc en las montañas de Antioquia, que privó a nuestro país de dos soñadores de la paz: el ex ministro Gilberto Echeverri Mejía y el gobernador Guillermo Gaviria Correa y de ocho valientes y humildes soldados de la patria.
Difícilmente olvidaremos las circunstancias de engaño, vileza y desamparo en las que se produjo su secuestro cuando encabezaban una marcha pacífica que convocaba al pueblo antioqueño a la solidaridad, al respeto por la vida y la libertad y a derrotar la indiferencia ante los atropellos a los que estaban siendo sometidos humildes campesinos del municipio de Caicedo y al terror que cada día se incrementaba más en los diferentes municipios antioqueños a causa de las acciones ilegales de una guerrilla despiadada y envalentonada. Y mucho menos podremos superar el hecho luctuoso, cobarde y bestial que fue su asesinato en condiciones de absoluta indefensión.
Como personas y desde sus diferentes posiciones como hombres de Estado y de Gobierno, Gilberto y Guillermo convirtieron la paz, la libertad y la justicia social en su obsesión; por ello, sin dilación ni descanso estaban insertando en nuestro medio las enseñanzas de la Noviolencia, implementando proyectos productivos equitativos, avanzando en el fortalecimiento del sector agrario, la protección del medio ambiente, el mejoramiento de los servicios públicos, la provisión de los derechos a la salud, a la educación y a la vivienda; prueba de su coherencia en estas materias la constituyen los programas Maná, Viva y Ría que crearon y pusieron en práctica con excelentes y perdurables resultados.
En materia de gobernabilidad, se dedicaron con ahínco a la formación ciudadana para la participación y el fortalecimiento de la democracia, a la conformación de organizaciones sociales deliberantes, a la construcción de una ética de lo público, al control ciudadano de la gestión pública y crearon el programa de "Cuentas Claras"; permitieron a la ciudadanía influir en la planificación, en la elaboración del presupuesto y en la ejecución y control de los recursos públicos.
Para lograr la superación del conflicto armado y del desplazamiento forzado, insistieron en la solución negociada que partiera de la libertad de todos los secuestrados, promovieron acuerdos humanitarios y la protección de los derechos fundamentales de la población desplazada y de las víctimas de la violencia.
Guillermo puntualizó en una de sus tantas intervenciones, que la paz, el desarrollo y un futuro menos injusto y violento, sólo se logran si se asume la tarea con paciencia y perseverancia, con una gran dosis de generosidad, patriotismo y espíritu de reconciliación.
La vida pública del doctor Gilberto estuvo presidida por la transparencia, el diálogo permanente, constructivo y conciliador; su lucha por la consecución de la paz se cimentaba en la materialización de una verdadera justicia social.
Han pasado seis años desde su muerte, pero nunca los hemos olvidado, ni podremos hacerlo, ya que su pensamiento y su obra perduran, tienen tanta vigencia como entonces, y seguirán produciendo sus luces a la espera de que los colombianos por fin nos decidamos a buscar y a exigir las transformaciones estructurales que liberen definitivamente a nuestro país de la injusticia social, la violencia y la crueldad que hoy nos agobian.