Un laboratorio que va directo al espíritu
ESCONDIDA EN LAS montañas de la vereda Pantanillo, del municipio de El Retiro, está el Laboratorio del Espíritu, un lugar en el que la comunidad ha encontrado un refugio para ser y hacer.
Cuando llegó, Ana decía que se agarraba con el que fuera, y que no a puño sino a lata. Ahora, los profesores de la escuela donde estudiaba la ven y no la reconocen.
Ya lo diría Rainer Maria Rilke: "La verdadera patria del hombre es la infancia", y ese es el distrito que habitan los que llegan hasta la corporación educativa rural Laboratorio del Espíritu, en la vereda Pantanillo de El Retiro.
Es una finca campesina de tradición, de paredes blancas y ventanales rojos por donde se cuelan los rayos de luz que bajan ardientes, como pasa en tierra fría, donde el sol más que quemar, pica.
Por los corredores de esa casona se respira un olor a pasto húmedo, se escuchan líneas de cuentos infantiles, fábulas que hablan de animales, príncipes y leyendas, de las paredes cuelgan pendones y tableros en los que los niños escriben poesías con una fluidez que envidiaría un Nobel: "Soy una nube que se espanta con el sol. Soy la punta de un sol. Soy las leyendas. Soy el amor de los humanos. Soy las palabras". (Diana Karina Flórez Guzmán, 8 años).
Laboratorio del Espíritu es una especie de probeta en la que se mezclan arte, naturaleza y vivencias para que aflore y viva y construya ese "aparato que uno tiene y que no sale en un libro de ciencia", como diría un niño en el libro Casa de las Estrellas.
Por los salones grandes del Laboratorio, los niños reciben y dan conocimiento, en diferentes momentos de la semana, a la comunidad, también a padres, madres, abuelas y abuelas, quienes reciben clases de guitarra, cerámica, origami, informática, tejidos croché, estampación en tela, pintura. Los niños, que son asistentes asiduos, primero se quedan sin respiración antes que terminar la lista.
Uno de los proyectos más revolucionarios que tienen es el de enseñar a los campesinos a utilizar las tecnologías de la información y la comunicación para beneficio de sus cultivos. Fernando Hoyos Salazar, coordinador de ese programa, cree que eso les ayudará a conocer mejor el campo y a usar los últimos adelantos de otros países para el beneficio propio, además de contactarse con otros agricultores y formar comunidades de apoyo.
Aunque hay que dejar claro, y eso lo hace Javier Naranjo, el director del proyecto, que aunque la comunidad aprende y los niños van a estimular el cerebro con la lectura los juegos y los computadores, lo que allí pasa es un intercambio de historias, de vivencias, de apoyo mutuo, lo que también es educación.
Aprender y enseñar
Diana Marcela Bedoya es una muchacha de 22 años de una piel blanquísima y ojos claros, que cuando se intimida clava en el piso la mirada. Cuenta que ella, en el Laboratorio del Espíritu, lo que hace es "crecer".
Diana Marcela es, junto con su hermana Mirella, de 21 años, una de las coordinadoras que les leen a los niños historias y escriben poemas y cuentos y juegan.
Los pequeños se sienten tan felices en el centro educativo, que se mueven con libertad por las aulas, juegan entre los libros, corretean, se sientan en uno de los 11 computadores que donó la Fundación EPM... Son ellos y sus creaciones literarias, artísticas y artesanales.
Javier dice que eso se debe a que allí trabajan sin coartar a los menores, dejan que esa conexión con el mundo interno, con el espíritu, sea más fuerte y libre, que se manifieste en cada expresión.
Gloria Bermúdez, fundadora del Laboratorio, cree que lo están haciendo desde hace más de dos años ya es un modelo educativo para potenciar las habilidades de los niños basado en las artes y por el respeto de las individualidades, "yo no tengo idea de teorías, pero tengo la experiencia de una biblioteca que como decía Borges, es el universo".
Y con el universo es que los niños tienen conexión, porque se les nota en sus palabras, en sus dibujos, en lo que escriben. Porque lo que quieren es sentir. Porque en palabras de Santiago Andrey García de 10 años, "soy la flor que te florece. Soy el camino que te sostiene".