Un líder barranqueño hecho en Medellín
Jonathan Millán es la gran sorpresa y se mantiene como líder de la ronda colombiana.
En una casa del barrio Luis López de Mesa, junto a los hermanos Ospina, Jonathan Millán forjó las piernas que hoy lo tienen como líder de la Vuelta a Colombia-Supérate.
Nacido en Barrancabermeja, y bicicrosista que retaba los 30 grados permanentes en el puerto, se fue a los 16 años para Medellín, luego de que Argiro Ospina, su entrenador en Barranca, le propusiera un mejor futuro en Medellín.
"Me vio las condiciones y me propuso irme a vivir en Medellín. Allí compartí durante cinco años con él, con sus hijos Carlos (Aguardiente Antioqueño) y Argiro (Movistar Europa). Y allá me forjé como rutero", sostiene el chico que llegó al día de descanso vestido de tricolor.
Tras las manos de Argiro padre, Jonathan se fue para el Oriente de Antioquia, y gracias a Luis Fernando Otálvaro, Lufo, llegó al Orgullo Santuariano. Allá dio sus primeros pedalazos en un lote grande, al que terminó de meterse hace dos años cuando ingresó al GW-Shimano, bajo el mando y casi los mimos de Luis Alfonso Cely. "Creo que puede llegar hasta Medellín, y vamos a defender esa idea. En la contrarreloj se defiende, pero tenemos que trabajar", dice Cely.
De cabellos tinturados, algo de melena tipo Carlos Betancur, y un cuerpo menudito como los ciclistas de montaña, Jonathan habla como paisa.
"En Antioquia me dieron mucho como ciclista, más de lo que tenía", sostiene con algo de pena el ganador de dos etapas de la Vuelta a Guatemala, otro par en la ronda de Antioquia, pero que aún busca su primer triunfo parcial.
En esta Vuelta, cuando los apellidos notables de Sevilla, Cárdenas, Cano, entre otros, no estuvieron finos, el de Millán sí. Estuvo en la fuga del Gato Cárdenas en la llegada a Pasto, y ha subido con entereza a Manizales, La Línea y el domingo a Mondoñedo, llegando a Bogotá con la camiseta de líder. "Me siento fuerte todavía y me ilusiono llegando cada día mejor con la camiseta. Las últimas etapas fueron bastante duras, pero logramos hacer buenos días", anota el nuevo jefe de filas del GW-Shimano, tras la caída Óscar Sánchez en una alcantarilla, que lo bajó de la pelea por el liderato.
Sus rivales saben que está andando duro. "Los tres minutos no son fáciles de bajar, pero Óscar (Sevilla) va a intentarlo, es seguro", anota Raúl Mesa, técnico del EPM-Une. Para Mauricio Ortega, "queda mucho, y cosas muy duras. Nos sentimos bien, pero hay un líder fuerte".
El sueño de ser campeón nadie se lo quita al barranqueño de corazón paisa. Ya superó la primera semana, los tres altos más temibles. Y sueña con llegar a Medellín, al barrio López de Mesa donde su esposa Ángela y su hijo Carlos Julián de sólo tres años. "Ellos son los que me mueven. Y ojalá pueda llegar a la casa vestido de líder".