Histórico

Un monstruo sin cabeza

10 de mayo de 2011

Con la muerte de Osama Bin Laden, los terroristas de Al Qaeda quedan sin cabeza visible. Pero dicho monstruo está lejos de morir y, quizá, al encontrarse sin cabeza o crear nuevas y múltiples cabezas, sea más peligroso.

La guarida del terrorista fue encontrada en Paquistán. Con esto ha quedado claro que, como se temía desde un comienzo, una gran parte del pueblo paquistaní apoya a estos terroristas y admiraba a Bin Laden. Este gozaba, si no de la abierta protección del gobierno, sí de algún tipo de protección de las fuerzas militares de ese país.

Lo cierto es que Al Qaeda tiene admiradores en casi todos los países musulmanes, especialmente en aquellos donde hay una mayoría de seguidores del reformador Muhammad ibn Abdel Wahab, fundador del wahabismo.

Esta secta musulmana, fundada durante el siglo XVIII, tiene como base de su doctrina lo que ellos consideran un total purismo, el rechazo a toda cultura contaminadora del Islam y una permanente acción orientada a la propagación de las creencias islámicas. Muchos ven al wahabismo como la cuna del terrorismo musulmán. De igual manera, se sabe que la riqueza proveniente del petróleo de Arabia Saudí, de mayoría wahabí-sunita, es la que alimenta con sus billones las arcas con que compran armas para los terroristas de Al Qaeda.

Algo hay de eso, pero yo pienso que realmente lo que alimenta al monstruo terrorista en Paquistán, Afganistán o Yemen, donde se piensa está el grupo de Al Qaeda más organizado, o en lugares donde se planean y se llevan a cabo atentados terroristas como los Emiratos del Cáucaso, es la miseria, la incultura de sus gentes, la corrupción de sus gobiernos y la falta de democracia. Analicemos, por ejemplo, que en Paquistán el 47% de la población vive en la miseria y en su mayoría es analfabeta.

Son estos factores, el hambre, la ignorancia, la falta de oportunidades y de gobiernos honestos, más que otros, los que han causado la proliferación de las yihad, o guerras santas contra Occidente y aun contra sus mismos gobiernos musulmanes.

¿Por qué el odio de estas gentes contra Estados Unidos? En parte, por su apoyo a monarquías, gobiernos y líderes corruptos que se han olvidado de sus gentes. También, a la percepción de que los estadounidenses están en guerra contra el Islam.

Hace falta una condena frontal contra los gobiernos musulmanes corruptos y un discurso que deje muy claro que la lucha de Occidente no es contra la religión musulmana, o los musulmanes, sino contra el terrorismo.

¿Es esto irrealizable? Si es así, la muy anunciada y seguramente sangrienta confrontación entre los pueblos judío-cristianos y los musulmanes será inevitable.