Un mundo enloquecido
La gente de hoy en día anda conectada a toda clase de aparatos y desconectada del mundo real en que vive que podría apreciar y disfrutar verdaderamente. Lo que se llama en otras palabras: alegría de vivir. La gente se mantiene entretenida y distraída en otras banalidades pasajeras y transitorias. Celulares, manejando toda clase de vehículos a altas velocidades y gritando a todo pecho para que la gente los vea. Escuchando música atronadora en radiófonos o auriculares. Gentes desconectadas del mundo real en que vivimos. Computadoras e internet.
Los medios de comunicación modernos unen al mundo en un instante y a pasos agigantados, estamos informados en segundos de lo que ocurre en el mundo y a nuestro alrededor. Las noticias en segundos le dan la vuelta al mundo. La información es rápida, oportuna y veraz.
Así va el mundo, mecanizado y actualizado. Sin embargo, estamos incomunicados entre nosotros mismos, nos desconocemos. No apreciamos el dolor, la soledad, el abandono y el sufrimiento de la humanidad agobiada y doliente. Vivimos nuestro propio mundo deshumanizado, aislados, atemorizados y con miedo a comprometernos con los demás. Libres de toda clase de compromiso y solidaridad con los demás. Somos egoístas, ambiciosos, orgullosos, tiranos y despreocupados por las necesidades de los demás. Por eso sufrimos tanto y nos dan tan duro. Sufrimos los terribles flagelos del terrorismo, el secuestro, el robo, el abigeato y mil formas más de amenazas para nuestras vidas y nuestra integridad, por falta de solidaridad, compromiso y amor por los demás.
La comunicación es necesaria y precisa para poder realizar nuestros negocios, nuestra vida social y comunitaria. Pero también debemos apreciar y compartir las bellezas de la creación con nuestros semejantes que nos alegran el corazón y son la razón de ser de la vida.