Un nido se enreda entre el arte y la ciudad
CON LA ESCULTURA Nido, del artista Ricardo Cárdenas Londoño, se inaugura un nuevo espacio que pretende darle espacio al arte de gran tamaño: La terraza de las esculturas del nuevo centro comercial Gran Plaza. Ir de compras y acercarse a la cultura.
No va a durar para siempre. Los rayos ultravioleta son su mayor enemigo. El agua sólo un poco. El viento casi nada: pesa unos 500-600 kilogramos. Es un nido, negro y enredado.
Ricardo Cárdenas Londoño lo mira. No sobrepasa su altura. "Es temporal y efímera", dice él. El tiempo que va a durar la obra ya lo acordaron. Cuando se acabe se desarma y no es más. "Está concebida desde el principio así. No tiene un tiempo de vida garantizado".
El material es manguera de riego negra. Mide, de largo, 11 metros con 60. Ricardo es el artista y él que la boceteó tantas veces a mano y en la cabeza antes de llegar a la terraza y trabajar en ella durante siete días.
Hace bocetos en tres dimensiones. "Hay una cosa muy fluida en el proceso, que hace que la obra sea más o menos como hacer un boceto". El material es flexible y se deja acomodar a la forma. Fueron 4.000 metros de manguera, más o menos, y unos 7.500 amarres.
El nombre es Nido. Los nidos son un tema que desde hace un tiempo le interesa. El Museo de Arte Moderno (Mamm) le propuso el espacio: la terraza del nuevo centro comercial Gran Plaza. Lugar que han destinado al arte.
"Teníamos esa terraza disponible, con una vista tan bonita, que quisimos hacer algo para promover la cultura", expresa Doris Jaramillo, la gerente. Sabe que también tiene que ver con el sitio donde se ubica el centro comercial. Al frente está el Parque de la Luz y la biblioteca EPM. Y están en pleno centro de la ciudad.
Así que se aliaron con el Mamm y la idea es que continúe, que después de Ricardo lleguen otros artistas con su obra y le den a esos metros de cemento un poco más de magia o de arte, simplemente.
"La posibilidad -comenta el artista - de hacer obra temporal, efímera y grande es muy escasa. Es muy importante que el sitio te dé la posibilidad de hacerlo".
Ricardo no trabajó solo. Para su escultura, que ocupa la parte central de la terraza, le ayudaron Edwin Monsalve, Yeison Serna y Yonny Ochoa.
Los tubos son negros y se van enredando uno tras otro. Aunque, cuenta Ricardo, existe el factor sorpresa, que es grande. "Hay algo de azar, pese a que el ejercicio de hacer bosquejos va creando un lenguaje común, que es el de la construcción. El cómo amarrar".
Su Nido es una escultura, que trastoca las dimensiones. Podría no ser un nido, pero sí puede serlo. Por lo menos no la imagen mental que se tiene de la palabra nido, pero de cerca, tiene esa sensación que se la juega cuando un tubo se amarra con el otro y todos, que son tantos, se terminan enredando. La mirada los termina de enredar.
El artista, que nació en Medellín, que ha estudiado artes, que además es ingeniero civil y maestro en ciencias de la ingeniería, decidió que esta era la obra para La terraza de las esculturas "por el espacio. Aquí hay un factor adicional: el área disponible". Quería una obra que se apoyara en el piso, que fuera estable, por los vientos que se cruzan, y para el punto, el Nido le encajaba perfecto.
En mayo, por supuesto, se desenredará. De seguro el sol y el agua y el viento harán de las suyas. No importa. No tiene que vivir tanto. Por eso es efímera. Por eso se irá.