Un teatro que llegó a los treinta
El Teatro Nacional cumple sus primeros 30 años. El legado de Fanny Mikey sigue vivo. La celebración empezó como debía: con teatro.
Carlos Muñoz mira hacia el cielo y sube la voz: "¡Fanny, te están haciendo una pregunta!". Baja la cabeza y cambia el tono: "Era tan loca que entre más música y más prostitutas y más cosas, ella se reía más. Le hubiera encantado".
Hace 30 años iban todos los días, los amigos actores de Fanny y la misma Fanny, a caminar entre el barro, que estaba hasta en el escenario, a hablar con el arquitecto, "a ver cuántos ladrillos había puesto para levantar este teatro", recuerda Carlos.
En ese entonces estaban preparando El rehén para darle rienda suelta al sueño de Fanny Mikey de tener un teatro. Fue la primera obra que se vio en el Teatro Nacional. "Era el acontecimiento del siglo -añade el autor- inaugurar un teatro hecho con las uñas".
Fanny había convocado a todos sus amigos y a los actores de la época. Carlos hacía el personaje del traidor, Víctor Mallarino era el rehén y María Cecilia Botero hacía de Teresa, la pequeña mujer que se enamora del prisionero.
Fanny dio las primeras palabras, que todavía no se han ido de la cabeza de Daniel Álvarez Mikey, su hijo, que estaba pequeño, pero aún recuerda el olor a nuevo de esa sala, el 5 de diciembre de 1981: "Desde hoy y desde este punto de la tierra existe un espacio destinado para que los actores y el público emprendan la mágica labor de vislumbrar un mundo mejor".
Treinta años después, la pelirroja Fanny no está. No para reírse, ni hablar con ese acento que era sólo de ella. Está desde la puerta, cuando el primero de sus amigos cruza el teatro y la está recordando. Todos hablan de Fanny.
"Es que ella llenaba tantos espacios de nuestra vida cotidiana, de la vida cultural, que es inevitable no tener que hablar de ella -expresa Daniel-. Creo que es, en el buen sentido, una forma de exorcizar el dolor y el vacío que dejó. Siempre la recordamos como ella hubiese querido que la recordáramos: haciendo lo que nos gusta, así sea muy difícil".
Lo que se viene
La época de hace treinta años es inolvidable. También les da nostalgia. Saben que el reto sin Fanny es aún más grande, pero que lo que ella comenzó, hay que seguirlo. De ahí que para los treinta, lo que están haciendo es cerrar un ciclo.
El lunes, cuando era cinco de este diciembre, celebraron los primeros treinta del Teatro Nacional. Invitaron a todos. Hablaron de ella. Se abrazaron. Recordaron otro poco. Presentaron la obra El Rehén , la misma de 1981.
Aunque sólo comparten el nombre. Hubo un nuevo director y unos nuevos actores. La primera la dirigió David Stivel y la de ahora Germán Jaramillo. "Yo volví a leer la obra -cuenta el director-. Me pareció muy difícil y estuve a punto de rechazarla".
La puesta en escena tiene mucho que ver con la tradición política del periodo del siglo XX, cuando Inglaterra e Irlanda estaban en conflicto. Es un tema viejo, conocido en la literatura europea, pero no tanto en la colombiana. Por eso era difícil, por lo ajena, porque "hacerla nuestra era un gran reto", continúa Germán.
Así que le dejaron sólo los textos referidos a la estructura cómica, la volvieron una farsa y "eso salvó la obra".
La de hace 30 años era dramática y menos musical. "Totalmente otra cosa", dice Carlos, que hace años estaba en el escenario y ahora en la sala, de espectador, "recordando lo que hacíamos nosotros".
El papel de Fanny lo hizo Laura García. En ese entonces la pelirroja usó un vestido verde. El de Laura es negro. Las dos mostraron las piernas. "Pues allá donde esté, ojalá le haya gustado", se ríe la actriz. Ella hizo su personaje y lo estudió sin mirar atrás. "Es mejor no hacerlo, igual no te va a salir de la misma forma".
Al final se le aguaron los ojos. "Es acordarse de Fanny, yo hice aquí otras obras. Es todo ese conjunto y cuando pensaba, otros treinta años, para esos sí no me cogen". Y aunque cualquier personaje es un reto, Laura tenía uno en especial: "Fanny tenía unas piernas muy bonitas".
Vienen las risas. Los recuerdos. Fanny. Estaría diciendo, lo sabe Daniel, que ya se acabó la fiesta, hay que dejar eso, "basta de celebración, trabajemos". Ya cerraron un ciclo y ahora empieza otro. El de los retos, el de enfrentarse a ese público exigente que es el de ahora. Les queda, como decía Fanny, romperse la cabeza. Y para eso tienen que estar tan locos como ella. "Era mágica, anormal -comenta Daniel-. Le gustaba pensar en grande, pensarse al máximo. Era extraterrestre".