Histórico

UNA DÉCADA DE FACEBOOK

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10 de febrero de 2014

Diez años en política internacional son un siglo. Las transformaciones vistas en el transcurso de una década en una nación, más aún tras los acelerados acontecimientos del fin del siglo XX, son inabarcables para los historiadores y más aún para la mayoría de gobernantes que son incapaces de asimilarlos. Los gobiernos parecen dar pasos lentos frente a una geopolítica acelerada.

Diez años, digo ahora, se sienten incluso más que un siglo y eso es lo que acaba de cumplir Facebook. Por el ritmo que la red social cooptó los rincones de las esferas privadas y pública parece que ha estado con nosotros siempre, pero apenas sí puede celebrar un cumpleaños de dos cifras. Solo una década le bastó para transformar la política.

Pocos fenómenos recientes como Facebook han reformado de una manera tan contundente la relación de los ciudadanos con el poder. Abrió la posibilidad de un debate auténtico, incipiente o profundo, generalizador o particular, pero debate en últimas, que creó una mayor conciencia del juego político entre mandatarios y ciudadanos. Los gobernantes le temen y esto, de por sí, es un excelente indicativo.

Los alzamientos populares más importantes del último lustro en contra de los gobiernos han tenido en Facebook un soporte incondicional y maleable a sus necesidades. Los jóvenes de Egipto, España, Estados Unidos, Grecia y Turquía (por nombrar tan solo cinco países) hallaron en esta web un punto de socialización de angustias, de desahogo de decepciones.

Gobiernos dictatoriales o ejecutivos democráticos aprendieron a la fuerza los alcances del nuevo poder. Muchos otros, autoritarios, prefirieron cerrar el acceso a la red social antes que abrir a discusión sus evidentes corrupciones.

El camino no es ideal, por su puesto, pero es más que interesante. El acceso es aún inmensamente limitado a poblaciones pobres y un alto número de aquellos que tienen las capacidades de acceder a internet demuestran un nivel paupérrimo de debate. La intolerancia es evidente y los insultos parecen no tener límites. Aún así, es preferible un intercambio débil de opiniones que la ausencia de él.

Facebook es una fiesta y al mismo tiempo una ligereza. Un banalidad creada con fuerza en la primera década del siglo XXI que transformó el mundo.