Histórico

Una mujer feliz y, a veces, arrepentida

La actriz que interpreta a Clemencia en La bruja revela los primeros años del teatro en Colombia y su historia con este amor de toda la vida, con el cual, en algunas ocasiones, quisiera no haberse casado.

13 de junio de 2011

"Cuando se es joven no se sabe y cuando se sabe ya no se es joven", dice Vicky Hernández medio siglo después de que escogiera ser actriz, algo arrepentida, resignada y convencida de esta decisión que la ha llevado a ser reconocida hoy como una de las mejores y de las que más le ha aportado al oficio.

Fue en la academia infantil de José Agustín Pulido Téllez donde esta caleña empezó a involucrarse con el mundo de las máscaras y los personajes. "Eso fue hace muchísimos años cuando la televisión era en blanco y negro y en directo", comenta. Entonces, tenía siete años y hacía sus primeras apariciones sobre las tablas, en programas de radio y televisión, luego, a los 16, en medio de las dudas, decidió ser actriz. Ella recuerda que las cosas no fueron fáciles, corrían los primeros días del teatro en Colombia y su profesión no era bien visto socialmente. "No se usaba eso de ser actor. Era hasta vergonzoso", evoca.

Era una época de entrega al teatro, "los que estábamos ahí dábamos todo: hacíamos y poníamos la escenografía, barríamos el teatro, vendíamos las boletas, ensayábamos la obra y llevábamos al público casi que arrastrado", acota.

Vicky comenta lo insignificante de esos cambios en comparación con la televisión de hoy, la cual critica fuertemente, sobre todo en lo actoral. Según esta pionera de las artes escénicas, los actores son más imagen que trabajo, dedicación o talento.

"Hoy en día existen los artistas aguacate: madurados a punta de periódico, de manager, de notas, pero no de trabajo y eso se nota. Hoy en día uno llega al reinado y de ahí pasa a ser actriz o va al gimnasio, saca la chocolatina y se vuelve actor. Se perdió la mística", dice ella.

En cuanto al contenido, Vicky considera que el problema no es que la televisión entretenga, sino que "no lo hace de una manera inteligente y que aporte algo a la sociedad. No tiene nada de malo entretener pero se trata de hacerlo con buen gusto".

Tal vez todas esas cosas, la llevan a querer darse un respiro, por lo menos en la televisión, pues por un lado quiere volver al teatro como directora y por el otro compartir su conocimiento con otros como docente.

"Ahora no puedo decir si esa fue una decisión bien tomada o no. Yo lo decidí porque estaba familiarizada con el arte, sobretodo escénico, el cual me parecía emocionante. Es un privilegio haber descubierto eso tan joven, haber insistido en ese trabajo toda la vida, pero a veces cuando me siento desilusionada, aburrida y jarta me digo: ¡ay, que bruta!, he debido decidir hacer otra cosa, y eso era ser médica o arquitecta".