Una piñata que se festejará en el cielo
UN INTRUSO ACABÓ la paz del hogar de los Espinosa, en la vereda Piedecuesta de Amagá, y aplazó la fiesta de cumpleaños con la que soñaba el ángel de la casa. La familia clama justicia y pide solidaridad para capturar al asesino, un menor de edad.
Derrotados por el dolor, padre, tías y abuela, no entienden que la criatura que los tenía locos por la piñata que organizaba para su cumpleaños, en menos de un mes, hoy yace en un pequeño ataúd.
Rostros adustos y lágrimas respaldan la escena bajo el sol del medio día, en la angustiosa espera de la entrega del cuerpecito en la morgue de Amagá.
En esa espera de largos silencios, la abuela, Gladys Cortés, rompe el murmullo de grillos y chicharras que se escucha en el entorno, para exclamar que su pequeña era una fiesta.
"Era muy alegre. A pesar de estar operada del corazón era muy avispada, le gustaba el regaettón y se sabía todas las oraciones", evoca.
-Mamita, me va a prestar la casa que me van a hacer una piñata, le dijo la niña en uno de sus últimos pedidos.
-Y me vas a ensuciar la mía para que la tuya quede limpia, le respondió.
-Es que la tuya me gusta más por grande y bonita, le replicó la niña.
Esos recuerdos, como su encanto por los perfumes de mujer grande, se acumularon ayer entre sus seres queridos, antes de iniciar la jornada de velación de sus despojos.
Pero en el grupo, el solo rostro de este hombre es un reclamo. Es José Alexánder Espinosa, el papá, quien clama que se haga justicia.
"Era una niña de tres años, sin saber aún qué es la vida, ya no más cadáveres y cadáveres, hay que llamar la atención de las autoridades", expresa, al comentar el ataque criminal que sufrió con los suyos.
Pero a la partida de la alegría de su casa, se suma el drama del grave estado de salud de su esposa, Erika, que lucha por la vida en una clínica de Medellín.
Para Alexánder, que está vivo de milagro, la tragedia de su hogar fue un hecho premeditado, porque el agresor tenía un pasamontañas que cubría su rostro. "Él no contaba conmigo, cuando me vio se sorprendió, pero continuó lo que iba a hacer", dice.
Pasadas las 8:30 de la noche del martes, el grupo familiar, integrado por José Alexánder, su esposa y sus niños de seis y tres años de edad, estaba recostado en la cama del matrimonio, mientras veía una telenovela.
El extraño accionó una pistola y tras el primer disparo, que hizo a menos de tres metros, Alexánder tumbó al niño de la cama y trató de tirarle una cobija al agresor, pero antes alcanzó a hacer cinco impactos.
Salió tras él. "Yo lo derribé, ví quién era, tuve un forcejeo, lo arrastré unos 20 metros hasta la casa llamando a los vecinos, pero mi mente no estaba ahí, sino con los que estaban en la cama y en un descuido se tiró por un alambrado", cuenta.
Entonces vio a la esposa afuera con la niña en sus brazos. "Ella fue valiente, capaz de pararse y salir a la calle con cinco impactos en el abdomen", dice.
Los vecinos se solidarizaron. Algunos en moto, y el conductor de una buseta, quien devolvió el vehículo, llevaron a los heridos al hospital San Fernando de la población.
La rápida reacción no fue suficiente para salvar la vida de la nena, quien recibió uno de los balazos que le afectó órganos vitales.
La madre fue atendida y remitida horas después al hospital regional de Caldas.
El coordinador de Urgencias del centro asistencial, médico Juan Carlos Sánchez, precisa que llegó en estado crítico con múltiples heridas por arma de fuego en el tórax. "Se llevó al quirófano, logró estabilizarse y se remitió a un hospital de tercer nivel", agrega.
Alexánder acompañó a su esposa en las primeras horas de la emergencia y regresó a Amagá. "Tengo que seguir adelante con el niño y darle apoyo a mi esposa", añade.
¿Pero por qué el ataque? El hombre sostiene que hubo un mal entendido cuando hace días preguntaron por el vecino, el menor de edad que el martes se convirtió en el agresor de su familia.
"Respondí que lo conocía sin saber a qué iba a llegar esto. Él guardó represalias contra mí y mi esposa", dice.
A Alex le duele que el asesino haya sido una persona que creció al lado de los suyos. "De un momento a otro cogió alas, tuvo un arma y vea a dónde llegan las cosas", exclama con impotencia y rabia.