Histórico

Una reforma sin cambios

10 de octubre de 2011

El ministro Juan Carlos Esguerra recibe una preocupante tarea como prueba de iniciación, ya que el proyecto de reforma a la Justicia ha demostrado improvisación por parte del Gobierno.

Positivo anuncio el del Ministro del Interior de retirar de este trámite lo que tiene que ver con la justicia penal militar. Ese tema, por su importancia y sus implicaciones para la defensa, necesita un debate separado, serio y autónomo. Ahora bien, el hecho de haberlo metido en primera instancia demuestra una profunda falta de coordinación y claridad del Gobierno, y sobre todo una improvisación en puntos que no pueden ser tratados sin predeterminación.

El ministro Esguerra Portocarrero tiene que demostrar que es una persona que no improvisa sobre los aspectos esenciales del futuro del país. Esta es su primera actuación pública y medible en este ministerio, lastimosamente en un proyecto que no fue diseñado por él, pero que puede ser reforzado y estructurado gracias su experiencia y conocimiento en esta área.

La reforma a la Rama Judicial es esencial. El país la necesita. Pero una buena reforma, no un proyecto sin cambios reales y sin atacar los problemas preocupantes y urgentes de esta rama del poder público.

El gobierno Santos se ha caracterizado por ser de consensos y unificación. Este debate no ha sido la excepción. Pero los consensos son enemigos de los cambios y esta reforma necesita una actitud impositiva, y menos conciliadora, para lograr modificaciones de fondo.

La justicia no puede seguir estando politizada y los hechos demuestran que esta reforma no va a cambiar eso.

Por lo tanto, el cambio más importante es atacar ese aspecto terminando con el Consejo Superior de la Judicatura y reformando profundamente al Consejo de Estado. Estos organismos se han caracterizado por ser politizados, burocráticos e ineficientes, haciéndole más daño que beneficio al funcionamiento de la Rama Judicial. Los cambios hasta ahora propuestos frente a este tema son cosméticos y no estructurales, tratando los síntomas pero no la enfermedad. Y dejan un sabor de que el gobierno está dando un manejo conciliador para no enemistarse con los magistrados. Puede que lo logre, pero de esta manera la politización de las cortes queda intacta.

Lo único que se ha conseguido después del primer debate en el Congreso es multiplicar las dudas y por consiguiente levantar críticas y escepticismo. Esperemos que eso cambie rápidamente con los siguientes pasos.

P.S. Gracias al doctor Juan Gómez Martínez por dedicar su más reciente columna a comentar y debatir mis posiciones del proyecto de ley sobre el aborto. Mis planteamientos sobre esto están suficientemente explicados en ese texto y por eso reitero mi posición.

Sobre el punto del Estado judío que toca el doctor Gómez, aclaro que he atacado públicamente, incluso en estas columnas, las posiciones de Israel frente a varios temas, sobre todo en la injerencia de la religión en la política y el manejo del conflicto con el pueblo palestino.

No profeso ninguna religión pese a ser parte del pueblo judío, y ataco siempre la mezcla de la fe y la legislación sin importar en qué país se presente. Creo que esos son síntomas de Estados apegados al pasado que no se ajustan a los cambios de las sociedades.

Por eso pienso que las diferencias de posiciones con el doctor Gómez Martínez se tratan de una brecha generacional. Tengo claro que el Congreso está controlado hoy por personas que en su mayoría hacen parte de la concepción del doctor Gómez Martínez, pero mi esperanza es que el futuro legislativo estará en manos de los hoy jóvenes que en su mayoría vemos el aborto desde otra óptica, y sobre todo la necesidad de la real y tangible separación entre la religión y la política. Si el Partido Conservador no visualiza eso, está haciendo una política efectista pero con fecha de vencimiento.

De nuevo, gracias al doctor Gómez Martínez por abrir el espacio para un sano e interesante debate. Ha sido un honor para mí.