Histórico

UNA VEZ MÁS LA JUSTICIA EN CRISIS

08 de mayo de 2014

Parece tonto insistir, pero en definitiva el problema es muy grave y el país no puede olvidarse del mismo. Quizás por ello, de tiempo en tiempo los medios de comunicación vuelven sobre él. Según estos, en los últimos días ha regresado y lo curioso es que aunque sus expresiones y manifestaciones son las mismas, ni el Gobierno ni las universidades ni las asociaciones y colegios de abogados ni las organizaciones judiciales y ciudadanas, parecen querer asumir de una vez por todas una posición crítica orientada hacia la postulación de soluciones.

Se trata de la crisis en la justicia. Se insiste en que la misma obedece fundamentalmente a dos circunstancias: el comportamiento personal de algunos magistrados de los altos tribunales y el ejercicio abusivo de ciertos medios de defensa judicial. En cuanto a lo primero, parece que cada día aumentan los casos de comportamientos censurables por parte de altos funcionarios de la rama. Las controvertidas situaciones relacionadas con el tráfico indebido de pensiones, los nombramientos cuestionados, los viajes inoportunos, los conflictos de intereses, los impedimentos tardíos, constituyen motivos suficientes para poner en tela de juicio la probidad de quienes asumen a nombre del Estado y de la sociedad el sagrado deber de aplicar justicia.

A estas circunstancias de carácter personal, se agregan otras de naturaleza institucional. Casos recientes como el del Alcalde de Bogotá y muchos otros que han sido objeto de múltiples acciones y solicitudes de medidas cautelares, se contraponen a aquellos en las cuales, en forma real o aparente, el ciudadano siente que la justicia no le responde como medio cultural para la solución de sus conflictos.

Esta situación demuestra que además de los problemas personales en que puedan estar incursos algunos altos jueces, de todas maneras existe un peligroso "desorden" en el ordenamiento jurídico. Principios sagrados para la teoría del derecho como la seguridad jurídica y la firmeza de las decisiones judiciales, y derechos fundamentales como el acceso a una oportuna administración de justicia, se desvanecen en medio del desconcierto ciudadano, y con ello se pone en peligro la institucionalidad y la convivencia.

Para algunos la justicia es sólo una especie de sueño inalcanzable. Para otros es una baraja de reparto. Para los primeros, el derecho carece de legitimidad, pues les es imposible acceder a él. Para los segundos, la justicia es un juego de cartas que permite barajar indefinidamente, pues cualquier decisión presentada como definitiva, puede ser objeto de nueva controversia. La fundamentación dogmática da paso al "opinionismo", y cuando ello ocurre, sucede algo que parece increíble, y es que la justicia deja de ser expresión de democracia y se convierte en una manifestación de anarquía con visos de autoritarismo. No se sabe que es peor: no tener acceso a la justicia o tenerlo indefinidamente. Por ello es necesario adoptar medidas para enfrentar ambas situaciones, pues una sociedad sin confianza en sus jueces y en sus decisiones, es una sociedad condenada al deterioro y a la violencia.