¿VALE LA PENA?
En un combate, lo absurdo puede suceder. Actos de valentía sobrecogedores y de cobardía inmencionables. Hechos de nobleza y de vileza. Ejecuciones a quemarropa y sombras que caen a la distancia. Cuerpos destrozados. Heridos que claman y cadáveres que nos miran sin alma. Y siempre el dulzón olorcillo de la pólvora. Un combate es la cruda expresión de la animalidad humana. Solo quienes hemos estado allí, sabemos lo que la guerra significa en su prístina esencia: matar.
Para dirigir a los muchachos pobres que son reclutados por el Estado y enviados a ese dantesco teatro, los oficiales y suboficiales se preparan en academias en las cuales aprenden cómo mantener bajo control el caos del combate, en lo posible y aprenden lo que los terroristas desechan: DIH, blancos legítimos, protección a civiles.
Una garantía mínima para ir al combate es saber que al soldado lo juzgará eventualmente alguien que sepa de qué se trata la guerra y el combate, no teóricamente ni en videojuego, sino en la realidad. Ese es el fuero militar, ley universal y antiquísima. Sin fuero es tonto ir a la guerra, al combate o hacer carrera militar.
El soldado incorporado a la fuerza por el Estado, sabiendo que le espera la invalidez en pobreza y olvido o la cárcel en miseria y olvido, instintivamente rehuirá el combate, con el riesgo de ser condenado por un delito en el que solamente los soldados incurren: la cobardía. ¿Y el oficial o suboficial? La respuesta me la dio un coronel retirado uno de cuyos hijos es capitán: "Ya le dije a mi"jo… ¡no vale la pena…". No quisiera repetir lo que otro coronel con la familia desecha y a punto ser condenado como violador de los derechos humanos -según la vindicta y la ambición izquierdistas- me dijo: "Qué desgracia fue haber sido soldado colombiano…".
Y sí: hay desmotivación en las filas de quienes nos defienden de la barbarie fariana, elena y paramilitar. A nuestros bravos militares los están derrotando operadores judiciales que ni siquiera pagaron servicio militar o que simpatizan con la enfermiza izquierda. Es imperativo restablecer el fuero militar, pues enviar soldados al sacrifico físico o moral mientras se negocia con asesinos narcotraficantes, además de ser inmoral, solo servirá para prolongar el conflicto.
¿Vale la pena ser militar en Colombia? Sí: cuando haya políticos discretos y serios que piensen más en Colombia y menos en sus egos, cuando haya jueces y magistrados probos y con visión de patria, cuando los compatriotas no sean indiferentes a la suerte de sus soldados. Mientras tanto la pregunta está ahí, vigente hoy más que nunca.
Contradiciendo a Bolívar ya no hay ninguna "gloria en la carrera de las armas".