“Verdad, justicia, reparación y no repetición”: el gran sueño
Con un total 60 víctimas del conflicto armado que llegará a esta ciudad, en grupos sucesivos de 12 personas, de los cuales ya el primero se encuentra en territorio cubano, en el centro de la discusión en las próximas semanas está el reconocimiento a los derechos de verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición de más de seis millones de personas registradas en la Unidad para la Atención y Reparación a Víctimas.
La dimensión de la responsabilidad de la guerrilla tiene una estadísticas en el informe Basta Yá, del Centro Nacional de Memoria Histórica: 220 mil asesinados, 25.007 desaparecidos, 5.712.506 desplazados, 16.340 asesinatos selectivos, 1.982 masacres, 27.023 secuestrados, 1.754 víctimas de violencia sexual y 6.421 casos de reclutamiento forzado.
Algunos de estos hechos motivaron que fueran declarados por Estados Unidos y la Unión Europea como una organización "terrorista".
Las Farc, que el pasado 27 de mayo conmemoraron 50 años justificando su "lucha armada" contra el Estado colombiano aparecen como uno de los mayores victimarios del conflicto.
Se les señala de, al menos, 27 mil de los 39 mil secuestros perpetrados entre 1970 y 2010. En 2013, la Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas Antipersona lo catalogó como el grupo ilegal que más uso indiscriminado hace de estos artefactos en el mundo, un enemigo silencioso que no discrimina entre combatientes y no combatientes.
El reclutamiento de miles de niños y jóvenes y los abusos cometidos contra ellos en las filas insurgentes les han merecido a las Farc duras críticas. A pesar de eso insisten en autocalificarse como víctimas del conflicto y en especial del Estado y del "imperialismo norteamericano".
Representación polémica
Al comienzo de la discusión del tema de víctimas esta semana, desde La Habana, el jefe guerrillero Ricardo Téllez leyó un comunicado en el que señalan que "la victimización ha sido para el despliegue pleno de las nuevas formas de la acumulación capitalista, para favorecer poderosos grupos económicos y poderes corporativos transnacionales, y consolidar el poder político de las clases dominantes".
Ante la magnitud del daño causado, desde el principio las víctimas del grupo insurgente exigieron tener presencia física en la mesa de diálogos.
Pero el proceso de selección de los representantes de la población afectada por el conflicto está marcada por la polémica y la polarización.
Quienes han sufrido en forma directa los crímenes de la insurgencia consideran que deben ser las personas victimizadas por las Farc las que se sienten en la mesa de diálogos.
Durante un foro en el Senado de la República este sector se quejó de la "invisibilización de las verdaderas víctimas de las Farc" y que no se sentían "representados" por la comisión escogida para viajar a Cuba".
Al final se impuso el consenso entre el Gobierno y las Farc de que debía haber representación de todas las víctimas del conflicto armado.