Vergonzoso intercambio epistolar
Con el mismo énfasis mediático con el que Piedad Córdoba, vocera de Colombianos y Colombianas por la Paz , difundió las mentiras sobre la existencia de la gigantesca fosa común (2.000 cuerpos) en La Macarena (Meta), se debe divulgar el informe entregado por la Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en el que notifican no haber encontrado indicio alguno sobre la tal fosa.
Si bien es cierto que hallaron una cantidad de tumbas de indocumentados enterrados individualmente en ese lugar, asunto que amerita ser investigado, también es cierto que por estar en una región que hizo parte de la zona de despeje, donde los narcoterroristas de las Farc fueron durante mucho tiempo los amos y señores del lugar y, conociendo la brutalidad con la que actúan, no es descabellado pensar que muchos de esos cuerpos pertenezcan a secuestrados que figuran como desaparecidos, a campesinos que no les colaboraron, a paramilitares, a traficantes de droga o a guerrilleros ajusticiados por ellos mismos.
Esa falaz denuncia con la que pretendieron desprestigiar nuevamente al Ejército Nacional es tan repelente como el ambiguo comunicado que emitieron después de la macabra matanza de carabineros en Doncello (Caquetá), la semana pasada.
Un vergonzoso comunicado o intercambio epistolar, como lo llama la senadora Córdoba, lleno de cinismo que desde el comienzo, cuando dice que "Según versiones de algunos medios de información...", pone en entredicho la veracidad de los hechos a pesar de que ellos, mejor que nadie, los pueden corroborar fácilmente pero, su estrategia es sembrar desconfianza, tender ese manto de duda tan malsano para la opinión pública y, particularmente, en ciertos espacios de la comunidad internacional.
Será acaso que los muchachos, como los llama la del turbante, ¿no le están enviando los comunicados que publican en ANNCOL en los que ratifican y se ufanan de sus animaladas?
En la misiva hacen también un llamado a las Farc-EP a "?pronunciarse públicamente acerca de lo sucedido, precisando su responsabilidad o no, en los métodos utilizados contra los combatientes oficiales".
En este punto, uno ya no sabe si llorar de tristeza o reírse del cinismo y la desfachatez de esa gente. Aquí parece que el único motivo de cuestionamiento, caso de que fueran responsables, es en cuanto a los métodos que emplearon para asesinar a los oficiales, nada más. Entre otras, ¿a cuáles combatientes se referirán? Que sepamos, la patrulla de carabineros no estaba en combate, simplemente transitaba por la zona y fue emboscada cobardemente en un camino que habían sembrado de minas antipersonal.
Mejor dicho, lo único que les faltó en esa misiva fue pedirles que confirmaran el suicidio colectivo de los carabineros y la humanitaria ayuda que ellos, humildes labriegos de las Farc (que viven del cultivo de café, cacao, lulo, etc.), les brindaron para un buen morir.
Si la señora del turbante y los tales Colombianos y Colombianas por la Paz fueran realmente un grupo de gente que quiere y lucha por la paz de Colombia, la manifestación de rechazo por las brutales acciones de esos salvajes asesinos hubiese sido contundente, porque a ellos de guerrilla o de rebeldes ya no les queda nada, son una parranda de terroristas, traficantes de droga, a quienes no se les puede hacer concesión alguna.
Los colombianos, así, con minúscula y sin diferencia de género, le pedimos al gobierno que no afloje en la política de Seguridad Democrática y que, mientras esos bárbaros sigan cometiendo atrocidades que sólo profundizan el odio que les tenemos, no les ofrezca más que rendición y cárcel.