Viaje a la cortina de bambú
Informa el periódico " Alma Mater ", de la Universidad de Antioquia, que China será mirada con lupa por especialistas entre el 12 y el 29 de este mes. Está bien que así sea porque muchos grandes asombros vienen de allí. Además, el sol escogió esa remota jurisdicción geográfica para nacer.
Celebro que China sea materia de estudio después de leer la novela de Enrique Posada " En China, dos veces la vida ", que presenté en la última feria del libro de Bogotá.
No importa si es autobiografía, novela, crónica o noticia de su propia vida, reportaje de profundidad, o un bambuco de 280 páginas. O todos los anteriores.
El género es lo de menos. Lo de más es que está ahí y que quienes lo lean, mínimo, adquirirán el estatus de sinólogos aficionados.
Posada, hecho en Medellín, es el décimo-séptimo creador colombiano que seduce a los orientales. Los últimos traducidos -y premiados- fueron Dasso Saldívar y Héctor Abad.
La novela es una memoria de 17 años detrás de la cortina de bambú donde vivieron Posada -pupilo, amigo y contradictor de Gonzalo Arango- su esposa Elvia Castaño y su tribu.
La pareja dejó salir el espermatozoide de caminantes paisas que los habita, y emprendieron su propia larga marcha. Se necesita superávit de audacia para hacer semejante enroque con lo exótico.
Este diplomático, traductor, escritor, periodista, profesor de sinología en varias universidades bogotanas, trabajó primero con el gobierno chino. Luego fue cónsul y ministro consejero de la embajada colombiana.
Si bien quedó rojo después de traducir a Mao, no sería válido concluir que en él ronca un maoísta agazapado. Virtud suya es que supo mantener la distancia y preservar su espíritu crítico, independiente. Tanto que en la edición en chino caparon sin piedad lo que consideraron subversivo.
Prefirió tener química con los chinos a clonar su ideología. Quería escribir "algo que revelara a los chinos como seres humanos", confiesa quien compartió la cotidianidad con sus anfitriones.
La suya, precisa, "no es una novela sobre China: es una novela desde adentro de los chinos".
Como me preocupan sus finanzas le pregunté por los derechos de autor. Aclaró que los pagan hace varios años. De otra forma, García Márquez no habría autorizado hace poco la traducción de su obra.
En su primera visita a China, no los pagaban. Tanto que cuando los traductores le pidieron autógrafo, el francote caribe dedicó los libros a los más grandes piratas del mundo. A los traductores casi se les occidentalizan los ojos.
Si la novela de Enrique fracasa y "solo" la compra el medio por ciento de los 1.339 millones de chinos, vendería unos 66 millones de ejemplares, en números redondos. No nos olvides cuando seas rico, Enrique.
Más vale ir haciendo amigos entre los futuros dueños del mundo. Leer la novela es un primer paso en esa dirección.