Histórico

Viaje por los cementerios para celebrar la vida

LEÍMOS EPITAFIOS DE los que estuvieron vivos y los lectores escribieron lo que quisieran en sus tumbas. Un ejercicio que propone para mañana la Parada Juvenil de la Lectura con 24 horas de programación en el San Lorenzo.

07 de julio de 2011

Con frases que hacen referencia a seres queridos que partieron de este mundo, quizás a una vida mejor, las lápidas y tumbas de dos cementerios de la ciudad se convierten en un espacio para desahogar las penas que quedan con el adiós.

El museo cementerio San Pedro, patrimonio cultural y arquitectónico de la ciudad, refleja en cada una de sus bóvedas el dolor de las familias que aún se niegan a aceptar la partida de sus seres queridos.

Todos los días, sin falta, familiares de los difuntos llegan al camposanto a embellecer las moradas, con flores, imágenes y música, como quien pretende dar alegría a este lugar que parece ser la cuna de la angustia y el dolor.

"Mi bebé, casi no te pude disfrutar, hace un año todo era alegría, ahora solo hay dolor", reza un epitafio.

La zona donde yacen los restos de los niños, se caracteriza por la variedad de colores que adornan las bóvedas, dulces, música y peluches contrastan con las cartas de dolor que las mamás desconsoladas escriben a los hijos que ya no las acompañan.

Adornando la muerte
Como si el cementerio estuviera dividido por estratos, los diferentes espacios reflejan formas de vivir, gustos, pasiones y amores que quedarán escritos para la eternidad.

Los escudos de equipos que siguieron en vida y amores que los acompañaron hasta el último minuto relatan lo que fueron estas personas en vida. Con pequeñas frases, las familias logran narrar lo que significó para ellas y lo mucho que los extrañan.

"Fuiste una gran mamá abuela, esposa e hija, Dios te cuide, nunca te olvidaremos"; se lee en una de las sepulturas del segundo piso en el cementerio de San Pedro.

Las flores son las más utilizadas para darle "vida" a las lápidas, que con su color gris uniforman cada sector.

Diferencia visual
Como si se tratara de otro lugar diferente, en el centro del museo cementerio San Pedro, los mausoleos de personajes reconocidos reflejan imponencia y poder con esculturas que adornan sus tumbas.

Allí la música y los colores no son los elegidos para adornar el lugar de descanso de aquellos que ya partieron.

La sobriedad es el común denominador: mármol, epitafios en latín y rejas que impiden el paso demuestran otra manera de aceptar la muerte.

A diferencia del cementerio de San Pedro, Campos de Paz es bosque y jardín al mismo tiempo. El frío producido por las bóvedas, se cambia por tumbas expuestas al aire libre.

Allí la diferencia de estratos socioeconómicos no es tan notoria.

Las frases en las lápidas cambian por oraciones que encomiendan a sus seres queridos al Dios que decidió llevarse a las personas que descansan allí.

Anderson, sepulturero hace tres años, afirma que los domingos es el día más visitado, los familiares de los difuntos se dedican por horas a arreglar las tumbas, quizá para demostrar que no los han olvidado o haciendo de esta práctica una forma de elaborar el duelo.

Los epitafios cuentan historias y reflejan sentimientos es allí donde queda escrita la vida de los que ya no están.