“VOTAR POR EL MENOS MALO”
Nunca, nunca debimos llegar a esta situación. Nunca debimos llegar a la situación de "votar por el menos malo", pues se entiende que un gobierno democrático debería resultar de escoger al mejor para gobernar; no "al menos malo" para hacerlo.
¿Por qué hemos permitido que históricamente llegue al gobierno el más mañoso, el que mejor manipula a la prensa, o el que sabe y tiene con qué aliarse con ella? El ideal es elegir al que tome las decisiones más acertadas para el país, no al que mejor manipula las masas.
¿Por qué hemos permitido que nuestra democracia sea manipulada, mancillada y usada para salvaguardar los intereses de unos pocos y no los de la mayoría? Es escandaloso que al país, finalmente, lo vaya a gobernar un hombre elegido por, según lo estimado, una tercera parte de la gente que puede votar.
Supongo que nuestra educación (desde la familia y la escuela) ha sido tan precaria, que ella misma ha permitido que de entre nosotros se engendren las personas que llegan al gobierno traspasadas de odio, egoísmo y con una particular visión de la vida, que pretenden imponerla, como lo hacen las sectas religiosas.
Al día de hoy el país está fanatizado como las sectas. Gente ciega incapaz de ver fuera de su cofradía, adorando en su líder a un dios al que se le obedece ciegamente su palabra divina e infalible.
Como humanos fácilmente nos vemos tentados a renunciar a la cualidad del pensamiento y la razón, que nos obliga a poner en perspectiva los acontecimientos, a pensar, a investigar, a conocer la historia, a comparar. Quizá nos parece más cómodo no hacerlo y más fácil sumergirnos en la oscuridad de la obediencia ciega, que envalentona las pasiones pero no el raciocinio. Y entonces muchos votaremos el domingo por "el menos malo". ¡Qué desgracia…, porque eso quiere decir que, gane quien ganare y sin empezar el período presidencial, ya sabemos que los próximos 4 años serán de un mal gobierno para esta Colombia incapaz de llevar a sus mejores ciudadanos al gobierno democrático.
Los adultos responsables de hoy tenemos el deber ciudadano de educar de otra manera a las nuevas generaciones. Ellas, bien orientadas, podrían aprender del error en que hoy está sumido el país, para ver si en el futuro, con un cambio generacional, se puede impulsar el cambio que necesitamos. Un cambio en el que se entienda que en este hermoso territorio puede haber espacio para todos, en condiciones adecuadas para una vida digna.